El Padre Jorge Loring nos esplica lo que es el pecado y las cosecuencias que tiene en nuestras vidas. Nos esplica que el pecado es la gran bajeza, es la gran locura, es la gran primada y es la gran canallada.
quieres dar sentido a tu vida
lo más importante en la vida es conocerse uno mismo y para ello es imprescindible la humildad
viernes, 20 de diciembre de 2013
El pecado y sus consecuencias
El Padre Jorge Loring nos esplica lo que es el pecado y las cosecuencias que tiene en nuestras vidas. Nos esplica que el pecado es la gran bajeza, es la gran locura, es la gran primada y es la gran canallada.
domingo, 1 de diciembre de 2013
Cuanto nos importa acogernos a la humildad para suplir con ella la falta de virtud y perfección
Cuanto nos importa acogernos a la humildad, para suplir con ella lo que nos falta de virtud y perfección, y para que no nos humille y castigue Dios
Consideremos lo poco que nos pide el Señor, y con que poco se contenta: nos pide conforme a nuestra bajeza, que nos conozcamos y nos humillemos. Si nos pidiera, grandes ayunos, grandes penitencias, grandes contemplaciones, podrian algunos excusarse diciendo que para lo uno no tenían fuerzas, y para lo otro no tenían talento o habilidad, sin embargo para no ser humildes no hay razón ni excusa ninguna. No podemos decir que no tenemos salud ni fuerzas para ser humildes, o que no tenemos talento o habilidad para ello. Ya que somos pobres, seamos humildes y con eso contentaremos a Dios, pero ser pobre y soberbio, le ofende mucho a Dios.
De las tres cosas que que aborrece Dios, la primera: pone el Eclesiástico (25,2) es ser pobre y soberbio. Eso también al hombre le ofende. Más humillémonos para que no nos humille Dios, (Lc18, 14) Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. Dios bien ha podido humillar al pueblo del faraón enviándole osos, leones y serpientes, pero él quiso domar su soberbia con moscas, mosquitos y ranas para humillarle más. Si nos paramos a considerar lo que nos suele inquietar y desasosegar algunas veces, hallaremos que son cosas que no tienen tomo ni sustancia ninguna, no sé qué palabrilla que me dijeron o porque me la dijeron de tal modo, o porque me parece que no me hicieron caso. Aborrece Dios tanto la soberbia y presunción y ama tanto la humildad, que dicen los Santos que suele permitir, por justo y secretismo juicio suyo, que uno caiga en pecado mortal, a cambio de que se humille, y aun no en cualesquiera, sino en pecados carnales, que son más afrentosos y feos, para que más se humille. Castiga dicen los Santos la secreta soberbia con manifiesta lujuria. Y trae para esto lo que dice San Pablo de aquellos soberbios filósofos (Rom 1,24) Por lo cual Dios los entregó a las apetencias de su corazón, a una impureza tal que degradaron sus cuerpos. Vinieron a caer en pecados deshonestos, feísimos y nefandos (torpes), permitiéndolo así Dios por su soberbia, para que quedasen confundidos y humillados.
Dicen los santos que Dios usa con nosotros de dos maneras de misericordia, grande y pequeña: misericordia pequeña es cuando socorres en las miserias pequeñas, como son las temporales, que tocan al cuerpo; misericordia grande, cuando socorre en las miserias grandes, que son las espirituales que llegan al alma. Así cuando David se vio con esta miseria grande, desamparado y desposeído de Dios por el adulterio y el crimen cometido clama (salmo 50,3) Misericordia Dios mío por tu bondad, por tu inmensa compasión borra mi culpa.
También dicen los Santos que hay en Dios ira grande e ira pequeña: la pequeña es cuando castiga en lo temporal, con adversidades de pérdidas de hacienda, honra, salud y otras cosas semejantes que tocan solamente al cuerpo; la ira grande es cuando llega el castigo al interior del alma, conforme a aquello de (Jeremías 4,10) El cuchillo llego hasta el corazón (Zacarías 1,15) Estoy profundamente irritado contra los pueblos arrogantes, pues yo me enojé un poco, y ellos echaron leña al fuego. Cuando Dios desampara a uno y le deja caer en pecados mortales, en pena y castigo de otros pecados, esa es la ira grande de Dios; esas son las heridas del furor divino, heridas no de padre sino de justo y riguroso juez.
Dice San Agustín: Me atrevo decir que les es útil y provechoso a los soberbios que les deje Dios caer en algún pecado exterior y manifiesto, para que se conozcan y comiencen a humillarse y desconfiar de si los que por estar muy contentos y pagados de si, ya interiormente habían caído por soberbia, aunque no lo habían sentido (Prov 16-18) La soberbia precede (va delante) a la ruina, el orgullo a la caída.
El Señor es tan benigno y misericordioso, usa medios fáciles y suaves; primero nos envía otras ocasiones y otras mediciones para que nos humillemos, unas veces la enfermedad, otras la contradicción y murmuración, otras la deshonra, y que caiga uno de su punto. Y cuando estas cosas temporales no bastan para humillarnos, pasa a las espirituales. Primero a cosas pequeñas y después permitiendo tentaciones recias y graves que nos llegan hasta ponernos en un hilo, y hasta persuadirnos a hacernos dudar si consentimos, para que así vea y experimente uno bien que por si no las puede vencer, y conozca y entienda por experiencia su flaqueza y la necesidad que tiene del favor divino, y desconfíe de sus fuerzas y se humille. Y cuando todo esto no basta entonces viene esta otra tan fuerte y costosa cura, de dejar caer al hombre en pecado mortal y que sea vencido de la tentación. Entonces viene ese botón de fuego del infierno, para que siquiera después de haberse quebrado los ojos, caiga el hombre en la cuenta de lo que es y se acabe de humillar, ya que por bien no quiso.
domingo, 17 de noviembre de 2013
de los favores y grandes beneficios que hace Dios a los humildes
De los favores y grandes beneficios que hace Dios a los humildes
(Prov 11,2) Con los humildes está la Sabiduría.
(Sab 8,21) Tener humildad es suma Sabiduría.
(Isaías 66,2) En ese pondré mis ojos: en el humilde y abatido que se estremece ante mis palabras.
En estos pone Dios los ojos para hacerlos mercedes y llenarlos de bienes. (1 Pedro 5,5) Revestíos todos de humildad en el trato mutuo porque Dios resiste a los soberbios, más da su gracia a los humildes. (Lc 1, 52-53) Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos les despide vacios .
(Lc 14,11) Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
Dice San Agustín que la humildad atrae así al Altísimo: Alto es Dios, y si os humilláis, desciende a vos, y si os levantáis y ensoberbecéis, huye de vos, porque como dice el profeta (sal 137,6) El Señor es sublime, se fija en el humilde y de lejos conoce al soberbio. Porque cuando vemos a uno de lejos no le conocemos, así no conoce Dios a los soberbios para hacerles mercedes. (Mt 25,12) De verdad os digo que no os conozco dice Dios a los soberbios.
Veamos la causa por la cual levanta Dios tanto a los humildes y les hace tantos bienes. La causa es porque se le queda todo en casa; porque el humilde no se queda con nada, ni se atribuye así cosa alguna, sino todo se lo atribuye y vuelve enteramente a Dios, y a El da la gloria y honra de todo. (Eclesiástico 3,21) No pretendas lo que te sobrepasa, ni investigues lo que te excede.
En los humildes dice Dios bien los podemos fiar nuestra hacienda y darles nuestros dones y riquezas, que no la robaran. Así hace Dios con los humildes, porque toda la gloria y honra se queda por suya. Dice San Pablo (2Cor 4,7) Llevamos este tesoro en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros.
A los soberbios les deja vacios, porque el soberbio confía mucho en sí y de sus diligencias, y se atribuyen a si los buenos sucesos de los negocios, como si por sus fuerzas y diligencias se hubieran hecho, alzándose con la honra y gloria que es propia de Dios.
Entrando en oración, con tanta devoción, nos parece que ya somos espirituales y hombres de oración. Y algunas veces nos creemos que somos más espirituales y mejores que otros. Por eso el Señor se retira de nosotros, y algunas veces nos quita lo que nos había dado, para que no se nos convierta el bien en mal, la salud en enfermedad, y sean para mayor condenación nuestra los dones y beneficios recibidos, por usar mal de ellos. La humildad y el propio conocimiento desembaraza al hombre de sí mismo, haciéndole desconfiar de sí y de todos los medios humanos y que no se atribuya así nada, sino a Dios. (Eclesiastés 13,9) Humíllate a Dios, pon tu confianza sus manos.
domingo, 27 de octubre de 2013
De los bienes y provechos que hay en el tercer gradode humildad
De los bienes y provechos que hay en este tercer grado de humildad
Del libro (1 Crónicas 29,14) Pues ¿Quién soy yo y quien es mi pueblo para poder ofrecerte estos donativos? Todo viene de ti y te damos lo que hemos recibido de tus manos. Esto es lo que hemos de hacer y decir nosotros en todas nuestras buenas obras: Señor, todas nuestras buenas obras son vuestras, y así os devolvemos lo que nos habéis dado. (San Juan 2,16) Pues de su plenitud todos hemos recibido gracia tras gracia. (Salmo 83,12) el Señor da la gracia y la gloria. Todo es dadiva de Dios, y todo se lo debemos atribuir y volver a Él.
Uno de los bienes y provechos grandes que hay en este tercer grado de humildad, es que este es el bueno y verdadero agradecimiento y acción de gracias por los beneficios recibidos de Dios. Pues esto se hace con este tercer grado de humildad, como está dicho consiste en no atribuirse el hombre a si bien ninguno, sino atribuirlo todo a Dios y darle a Él la gloria de todo. Y en eso está el bueno y verdadero agradecimiento y acción de gracias, no en que digamos con la boca: gracias os doy, Señor, por vuestros beneficios, aunque también por la boca hemos de alabar a Dios y darle gracias. Pero si lo hacemos solamente con la boca no será hacer gracias sino decir gracias.
Pues para que nos sea, no solo decir gracias a Dios, sino hacerle gracias no solo con la boca sino también con el corazón, es menester que reconozcamos que todo el bien que tenemos es de Dios, y que se le volvamos y atribuyamos todo a Él, dándole la gloria de todo, sin alzaros con nada, porque de esa manera se desnuda el hombre de la honra que no es suya, y la da toda a Dios. Y esto nos quiso dar a entender Cristo en el Evangelio, cuando, habiendo sanado a los diez leprosos se vuelve uno a agradecer el beneficio recibido. Olvidarse de Dios, y el mayor desagradecimiento que puede uno tener, es atribuirse a sí los dones de Dios. No se nos pase tal cosa por el pensamiento y reconozcamos que suya es la fortaleza, y Él nos dio las fuerzas para todo, y que esto lo hizo, no por nuestros merecimientos.
Otro provecho es que el verdadero humilde, aunque tenga muchos bienes de Dios y sea por eso tenido y estimado de Dios y del mundo, no se estima ni se tiene por eso en más, sino se queda tan firme en el conocimiento de su bajeza como si nada de lo que dieron se hallara en él. Porque sabe distinguir entre lo ajeno y lo que es suyo propio, los dones y beneficios que ha recibido de Dios los mira él, no como cosa suya, sino como cosa ajena y prestada, y tiene siempre puesto los ojos en el conocimiento de su propia flaqueza y miseria, y en lo que él seria si Dios le dejase de su mano y no le tuviese siempre teniendo y conservando. Antes mientras más dones tienen recibidos de Dios, anda más confundido y humillado con ellos. Así una de las consideraciones que tiene a los siervos de Dios muy humillados y confundidos es que no solo Dios les ha de pedir cuentas de los pecados cometidos, sino también de los beneficios recibidos, y saben al que mucho se le dio, mucho se le reclamara, al que mucho se le confió más aún se le pedirá.
Otro provecho, es que el verdadero humilde no desprecia nadie, ni le tiene en poco, por mucho que le vea caer en culpas y pecados, ni por eso se ensoberbece él, ni se tiene más que el otro, sino que se humilla más, viendo al otro caer, porque considera que él y el caído son de la misma masa, y que cayendo el otro cae él, cuanto es de su parte. Dice San Agustín: No hay pecado que uno haga, que el otro no haría, sino le tuviese la mano de Dios. La verdadera justicia hace que tengamos compasión de nuestros hermanos, la falsa desden e indignación. (Gálatas 6,1) Corregid con mansedumbre, mirándote a ti mismo, no suceda que también tu caigas en la tentación.
domingo, 20 de octubre de 2013
La humildad no es contraria a la magnanimidad antes es fundamento y causa de ella
La humildad no es contraria a la magnanimidad antes es fundamento y causa de ella
La humildad y la magnanimidad son dos virtudes que parecen contrariarse entre sí, porque la magnanimidad es una grandeza de ánimo, para emprender y acometer cosas grandes y excelentes y que sean en si dignas de honra. Y lo uno y lo otro, parece contrario a la humildad, porque cuanto a lo primero, que es emprender cosas grandes, no parece que dice con ella, porque uno de los grados de humildad, es confesarse y tenerse por indigno e inútil para todas las cosas. Y emprender para lo que no es, parece soberbia y presunción. Y lo segundo, que es emprender cosas de honra, parece también contrario, porque el verdadero humilde ha de estar muy lejos de desear hora y estimación.
Responde Santo Tomas: ninguna virtud puede ser contraria a otra. Y en particular estas dos, humildad y magnanimidad, hallaremos que no solo no son contrarias, sino hermanas y depende una de la otra. Lo propio del magnánimo es emprender y acometer cosas grandes y eso no es contrario al humilde y solo él lo puede hacer bien. Si fiados en nuestras fuerzas y medios emprendiésemos cosas grandes, seria presunción y soberbia, porque ¿qué cosas grandes ni aún pequeñas podemos nosotros emprender fiados de nuestras fuerzas? Como dice San Pablo (2 Cor3, 5) No somos suficientes ni aún para tener un buen pensamiento. El fundamento firme de esta virtud de la magnanimidad para acometer y emprender cosas grandes, ha de ser desconfiar de nosotros mismos y de todos los medios humanos, y poner nuestra confianza en Dios, y eso hace la humildad, y por eso la llaman los Santos fundamento de todas las virtudes, porque abre zanjas, ahonda cimientos y echa fuera toda arena y tierra movediza de nuestras fuerzas hasta llegar a la piedra viva, que es Cristo y edificar sobre ella.
Toda nuestra virtud y fortaleza y todas nuestras buenas obras han de descansar en Cristo (1 Cor 15,10) Por la gracia de Dios soy el que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mi. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Comienza el Apóstol a contar sus trabajos y lo mucho que había hecho en la predicación del Evangelio y en servicio de la Iglesia, hasta viene a decir que ha trabajado más que los demás Apóstoles, pero luego estriba en el Amado y en (filipenses 4.13) Todo lo puedo en Aquel que me conforta. En Dios todo lo podemos, con su gracia seremos poderosos para todo, en eso hemos de estribar y ese ha de ser fundamento de nuestra magnanimidad y grandeza de ánimo.
San León Papa El verdadero humilde es magnánimo, animoso, esforzado para cometer y emprender cosas grandes, ninguna cosa se le hace ardua ni dificultosa, porque no confía en sí, sino en Dios, y poniendo los ojos en Dios y estribando en El, nada se le pone delante. Salmo 59,14 Con Dios haremos proezas, Él pisoteara a nuestros enemigos. (Isaías 6,8) Me veis aquí, enviadme. Quería Dios enviar a predicar alguno a su pueblo, y como Él quiere obrar las cosas en nosotros con voluntad y consentimiento nuestro, dijo donde lo pudo oír Isaías ¿A quién enviare? ¿Quién querrá ir de buena gana? Respondió el profeta: Señor aquí estoy yo, si me quieres enviar El profeta no dijo: Señor yo iré y haré esto muy bien porque era humilde y conocía la flaqueza, y veía que era atrevimiento prometer de sí que haría una cosa tan grande y sobrepujaba todas sus fuerzas, por eso dice Señor aquí estoy, dispuesto para recibir lo que vos me quisieras dar, enviadme Vos que si me enviáis yo iré. Y Dios le dice, ve. Le mando ir porque supo responder con humildad porque no atribuyó así el ir, sino reconociendo su insuficiencia y flaqueza puso toda su confianza en Dios, creyendo que en Él todo lo podrá. Esta ha de ser nuestra fortaleza y nuestra magnanimidad para emprender y acometer cosas grandes. (Jeremías 1,7) No digas que eres un niño pues iras donde Yo te envíe y dirás lo que Yo te ordene, no tengas miedo que Yo estaré contigo para librarte, de manera que la humildad no solo es contraria a la magnanimidad, sino que es raíz y fundamento de ella.
Lo segundo que tiene el magnánimo es desear hacer cosas grandes y que sean en si dignas de honra, tampoco es contrario a la humildad porque como dice Santo Tomas no lo desea por la honra humana, ni es ese su fin, merecerla si, pero no procurarla ni estimarla. La virtud es cosa tan alta que no puede honrar ni premiar suficientemente de los hombres, porque merece ser honrada y premiada de Dios. Así el magnánimo por solo el amor de Dios y de la virtud se mueve a obrar y hacer cosas grandes despreciando todo lo demás. (Filipenses 4,12) Se vivir en la pobreza y en la abundancia, estoy acostumbrado en todo y para todo, a la hartura y al hambre, a la abundancia y a la privación. Para que vientos tan recios y tan contrarios, como la honra y la deshonra, las alabanzas y las murmuraciones, de los favores y de las persecuciones, no causen en nosotros mudanza, ni nos hagan titubear, sino que siempre nos quedemos en un mismo ser, gran fundamento de humildad y sabiduría del cielo es menester. Padecer pobreza, mendigar, peregrinar y andar humilde entre las deshonras y afrentas, por ventura sabréis; pero ser humilde en las honras, cátedras, pulpitos y ministerios altos, no sé si sabréis, porque los ángeles en el cielo no supieron hacer eso, sino que se desvanecieron y cayeron.
Pues a esta humildad hemos de procurar llegar con la gracia de Dios, especialmente los que somos llamados, no para que estemos arrinconados y escondidos debajo del celemín, sino en alto, como ciudad sobre el monte, y como antorcha sobre el candelero para alumbrar y dar luz al mundo; para lo cual es menester echar muy buenos fundamentos, y tener un deseo grande, de ser despreciados y tenidos en poco, el cual nazca un profundo conocimiento de nuestra miseria y vileza y de nuestra nada.
domingo, 6 de octubre de 2013
El tercer grado de humildad es medio para vencer todas las tentaciones y alcanzar la perfeccion de todas las virtudes
El tercer grado de humildad es medio para vencer todas las tentaciones y alcanzar la perfección de todas las virtudes
Dice Casiano que era tradición de los Padres antiguos, que no puede alcanzar la prioridad de corazón, ni la perfección de las virtudes, si primero no conoce y entiende que toda su industria, diligencia y trabajo, no es bastante para ello, sin especial ayuda y favor de Dios, que es el principal dador de todo bien. Este conocimiento no ha de ser especulativo sino conviene que lo conozcamos prácticamente y por experiencia, y que estemos tan llenos y tan asentados y resueltos en esta verdad, como si viésemos con los ojos y tocásemos con las manos, esto es el tercer grado de humildad. Y esta humildad promete grandes bienes a los humildes. Y los santos dicen que el tercer grado de la humildad es el fundamento de todas las virtudes, y la preparación y disposición para recibir todos los dones de Dios. Y sigue diciendo Casiano en el caso particular de la castidad que para alcanzarla ningún trabajo basta, hasta que entendamos por experiencia que no la podemos alcanzar por nuestras propias fuerzas, sino que nos ha de venir de la liberalidad y misericordia de Dios.
Esto mismo dice el Espíritu Santo en el libro de la sabiduría (8, 21) que no podía ser continente sin especial don de Dios, y el conocer este don es gran Sabiduría, acudí al Señor a pedírselo con todo mi corazón. Continente aquí es nombre general que abraza, no solo el contener y refrenar la pasión que es contra la castidad, sino todas las demás pasiones y apetitos que son contra la razón.
Eclesiástico dice todo el peso de la plata y oro no es digno del alma continente. No hay cosa que tanto pese ni valga como la persona continente. Quiere decir que por todas partes tiene y contiene sus afectos y apetitos para que no salgan de la raya de la virtud y de la razón. El (Salmo 126,19) Si el señor no edifica la casa, en vano trabaja los albañiles, y si el Señor no guarda la ciudad en vano trabaja el que la guarda. El es el que nos ha de dar todo el bien, y el que después de dado lo ha de guardar y conservar, y si no, en vano será nuestro trabajo.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Como los buenos y los santos pueden con verdad tenerse en menos que todos
Como los buenos y los santos pueden con verdad tenerse en menos que todos, y decir que son los mayores pecadores del mundo.
Es de mucho provecho declarar como los buenos y los santos pueden con verdad tenerse en menos que todos y decir que son los mayores pecadores del mundo, pues decimos que hemos de procurar llegar aquí. Algunos santos no quieren contestar a esta pregunta, sino se contentan con sentirlo ellos en su corazón.
A la pregunta ¿Cómo los santos se tienen por pecadores y saben que guardan los mandamientos de Dios? Responde San Agustín: es que poniendo uno los ojos en los defectos que él conoce en sí, y considerando en su prójimo los dones ocultos que tiene o puede tener de Dios, puede cada uno con verdad decir de sí que es más vil y mayor pecador que todos, porque mis defectos los sé yo y no se los dones ocultos que el otro tiene de Dios.
El que es humilde de verdad y de corazón, considera en los otros las virtudes y lo bueno que tienen, y en si sus defectos, y anda tan ocupado en el conocimiento y remedio de ellos que no levanta los ojos a mirar las faltas ajenas, y así tiene a todos por buenos y a él por malo. Mientras más santo es uno, más fácil le es esto, porque así como va creciendo en las demás virtudes, va también creciendo en humildad y conocimiento propio, y mayor desprecio de sí mismo. Y mientras más luz y conocimiento tiene de la bondad y majestad de Dios, más profundo es el conocimiento que tiene de su miseria y de su nada.
Y si nosotros nos tenemos en algo, es porque tenemos poco conocimiento de Dios y poca luz del Cielo. Ama Dios tanto la humildad, y le agrada tanto que se tenga uno en poco a sí mismo, y se conserve en eso, que muchas veces disfraza sus dones y los comunica tan secretamente que el mismo que los recibe no lo entiende, y piensa que no tiene nada. Dice San Bernardo: Para conservar la humildad, suele la divina Bondad disponer las cosas de tal manera, que cuanto uno va aprovechando más, tanto menos piensa que aprovecha, y cuando ha llegado al último grado de la virtud, permite que tenga alguna imperfección en lo primero, para que piense que aún no ha alcanzado aquel. Dice San Gregorio: Siendo a todos manifiestas estas virtudes ellos solos no las ven. De Moisés cuenta la Sagrada Escritura (Exod 34,29) que cuando salió de hablar con Dios traía un gran resplandor en su rostro y lo veían los hijos de Israel, y el no; así el humilde no ve en él ninguna virtud, todo lo que ve le parece que son faltas e imperfecciones, y cree que la menor parte de sus males es la que él conoce y que son muchas más las que ignora. Por eso le es fácil tenerse en menos que todos y por el mayor pecador de cuantos hay en el mundo.
Los caminos de Dios son muchos y diversos, a unos los lleva por el camino de encubrir sus dones, que ellos mismos no los vean ni piensen que los tienen, a otros se los manifiesta y hace que los conozcan para que los estimen y agradezcan. San Pablo (1Cor 2,12) Nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios para que conozcamos los dones que de Dios recibimos. Y nuestra Madre bien conocía y reconocía las mercedes y dones que tenia (Lc 1,46) Magnifica y engrandece mi alma al Señor porque ha obrado en Mi grandes cosas el que es todopoderoso. Hay sin embargo un gran peligro y engaño que nos advierte los Santos y es que algunos piensan de sí que tienen más dones de Dios de los que tienen. (Apocalipsis 3, 17) Porque dice: Yo soy rico, me he enriquecido y no tengo necesidad de nada; y no sabes que tu eres desgraciado, digno de lastima, pobre, ciego y desnudo. En el mismo engaño estaba aquel fariseo del Evangelio el cual daba gracias a Dios porque no era él como los otros hombres. Algunas veces nos entra esta soberbia tan oculta y secretamente, que casi sin sentirlo ni entenderlo estamos muy llenos de nosotros mismos y de nuestra propia estimación. Por eso es gran remedio tener siempre los ojos abiertos para ver las virtudes ajenas y cerrados para ver las suyas propias, y así vivir siempre con un santo temor de Dios, con el cual están más seguros y guardados los dones de Dios.
Se pregunta uno ¿Cómo estos Santos varones espirituales, que conocen y ven en si grandes dones, que han recibido de Dios, pueden con verdad tenerse en menos que todos, y decir de sí que son los mayores pecadores del mundo?
San francisco de Asís nos dice: Entiendo y creo que si Dios levantase su mano de mí, y no me tuviese, cometería los mayores males que todos los hombres, y sería el peor de todos ellos. Por eso dice que es el mayor pecador y más ingrato de todos los hombres.
Este conocimiento y consideración es la que hacía a los Santos, hundirse debajo de la tierra, y ponerse a los pies de todos, y tenerse con verdad por los mayores pecadores del mundo, porque tienen plantada y arraigada en su corazón la raíz de la humildad, que es el conocimiento de su propia flaqueza y miseria, y sabían penetrar y ponderar muy bien los que ellos eran y tenían de si, y eso los hacía creer que si Dios los dejara de su mano y no los estuviera siempre teniendo, fueran los mayores pecadores del mundo y así se tenían por tales. Y los dones y beneficios que habían recibido de Dios, los miraban ellos, no como cosa suya sino como cosa ajena y prestada.
domingo, 22 de septiembre de 2013
El verdadero humilde se tiene en menos que todos
El verdadero humilde se tiene en menos que todos
Todas las operaciones naturales que tenemos las tenemos de Dios, porque nosotros éramos nada, no tenemos fuerza para movernos, ni para ver, ni oír, ni gustar, ni entender, ni querer, Dios nos da el ser natural nos dio estas potencias y fuerzas, y así a Él le hemos de atribuir el ser como estas operaciones naturales; de la misma manera hemos de decir en el ser sobrenatural y obras de gracia. El ser sobrenatural que tenemos, Dios nos lo ha dado, es añadido al ser de naturaleza graciosamente. Nosotros nacimos en pecado (Efes 2,3) hijos de ira enemigos de Dios (1 Pedro 2,9) Nos saco de aquellas tinieblas a su admirable luz.
Nos hizo Dios de enemigos, amigos: de esclavos, hijos; de no valer nada, a ser agradable a sus ojos. Y la causa por que Dios hizo esto no fueron nuestros merecimientos pasados, ni el respeto de los servicios que le habíamos de hacer, sino por su sola bondad y misericordia (Rom 3,24) Y son justificados gratamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús y por los merecimientos de Jesucristo, único medianero nuestro.
Tampoco podemos salir nosotros de la tiniebla del pecado en que estábamos, y en que fuimos concebidos y nacidos, si Dios por su infinita bondad y misericordia no nos hubiese sacado, ni podríamos obrar, obras de vida si Él no nos da su gracia para ello, porque el valor y merecimiento de las obras que hacemos no son por nuestros meritos, sino por la gracia del Señor.
Así no debemos atribuirnos gloria alguna, sino toda a Dios, así lo natural como lo sobrenatural, teniendo siempre en la boca y en el corazón lo que dice San Pablo (1 Cor 15,10) Por la gracia de Dios soy eso que soy
Dios no solo nos saco de la nada, y nos dio el ser que tenemos, además Dios nos está sustentando, teniendo y conservando con su mano poderosa, para que no caigamos en el pozo profundo de la nada. De la misma manera en el ser sobrenatural, no solo nos hizo Dios merced de sacarnos de las tinieblas de los pecados en que estábamos a la luz admirable de la gracia, sino siempre nos está conservando y teniendo de su mano para que no volvamos a caer; de tal manera que si un instante apartase y alzase Dios su mano y guarda de nosotros y diese licencia al demonio para que nos tentase cuanto quisiese, nos tornaríamos a los pecados pasados y a otros peores.
San Alberto Magno dice que el que quiera alcanzar la humildad ha de plantar en su corazón la raíz de la humildad, esto es que conozca su propia flaqueza y miseria, y entienda y pondere muy bien, no solo cuan vil y miserable soy ahora, sino cuan vil y miserable puedo ser y seria si Dios con su mano poderosa no me apartase de los pecados, y me quitase las ocasiones, y me ayudase en las tentaciones. Salmo 93. 17) Si el Señor no me hubiera auxiliado ya estaría yo en el infierno. Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia Señor me sostenía.
Los Santos no se contentaban con tenerse en poco y por malos y pecadores, sino que se tenían en menos que todos y por los más viles y pecadores de cuantos había en el mundo (1 timo 1,15) Es palabra digna de crédito y merecedora de toda aceptación, que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y así nos amonesta que procuremos llegar a esta humildad, que nos tengamos por inferiores y por menos que todos, y que a todos los reconozcamos por superiores y mejores.
Los santos no decían con mentira, ni con fingida humildad que eran los mayores pecadores del mundo, sino con verdad, porque así lo sentían en su corazón. (Lc 14,10) Cuando te conviden siéntate en el último puesto. No dijo que escogieses un lugar mediano, o que te sentases entre los últimos, o en el penúltimo lugar, sino solo quiere que estemos en el último lugar. No nos tengamos por mejor que otra persona, ni presumamos de compararnos ni igualarnos con otra persona. Solo tenemos que quedarnos en el último lugar, sin igualar nuestra bajeza, teniéndonos por el más miserable y pecador de todos. A ningún peligro nos exponemos en humillarnos mucho y ponernos debajo de los pies de todos, pero anteponernos a solo uno nos puede hacer mucho daño.
¿Qué sabes si ese que piensas ha de ser mejor o peor que tu y si lo es ya delante de Dios? ¿Quién sabe si cruzara Dios las manos, y se trocaran las suertes y serás tú el desechado y el otro el escogido? ¿Qué sabemos lo que ha obrado Dios en su corazón de ayer a hoy y en un momento? En un instante puede Dios hacer de un publicano y de un perseguidor de la Iglesia apóstoles suyos como hizo a San Mateo a San Pablo. (Mt 3,9) Y no os hagáis ilusiones pensando tenemos por padre a Abraham, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras (Lc 7,39) Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando pues es una pecadora que engañado se hallo aquel fariseo que juzgo a la Magdalena por mala y como reprendió Cristo, y le dio a entender que era mejor que él, la que él tenía por pecadora publica.
No basta decirlo con la boca que eres el peor de todos, es necesario que lo sintamos en nuestro corazón. No pensemos haber aprovechado algo, si no te tienes por el peor de todos, dice el Kempis.
En que consiste el tercer grado de humildad
En qué consiste el tercer grado de humildad
Este grado de humildad, dicen los santos que consiste en saber distinguir entre el oro que nos viene de Dios, de sus dones y beneficios y entre el lodo y miseria que somos nosotros, y dar a cada uno lo que le pertenece: atribuir a Dios lo que es de Dios y a nosotros lo que es nuestro, y que todo esto está el punto de este negocio. De manera que no consiste la humildad en conocer reflexivamente que de nosotros no podemos ni valemos nada, y que todo el bien nos ha de venir de Dios, y que El es el que obra en nosotros el querer y el comenzar y el acabar por su libre y buena voluntad (Filip 2, 13) (1 Cor 2,12) Nosotros hemos recibido un Espíritu que no es del mundo, es el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos los dones que hemos recibido.
Sentir y reconocer uno los dones que ha recibido de Dios como ajenos y como recibidos y dados de la liberalidad y misericordia de Dios es particular don y merced suya. (1Cor 4,7) A ver ¿Quién te hace tan importante? ¿Tienes algo que no hayas recibido? Y si lo has recibido ¿A que tanto orgullo, como si nadie te lo hubiera dado? Todo cuanto bien tenemos es recibido y ajeno nosotros no tenemos bien ninguno.
Esta es la humildad de los santos, que con estar enriquecidos de dones y gracias de Dios, y haberles El levantado a la cumbre de la perfección, a gran honra y estimación del mundo, con todo eso se tenían ellos por tan viles en sus ojos, y se quedaba su alma tan entera en su bajeza y humildad como si no tuvieran nada de aquellos dones. No se les pegaba ninguna vanidad en su corazón, ni cosa alguna de aquella honra y estima en que el mundo los tenia, porque sabían bien distinguir entre lo que era ajeno, y lo que era suyo propio, y así todos los dones, honra y estimación lo miraban cosa ajena y recibida de Dios, y a Él le daban y atribuían toda gloria y alabanza de ello, quedándose ellos enteros en su bajeza, mirando que de si no tenían nada, ni podían bien alguno.
Dice San Bernardo: No es mucho humillarse uno en la pobreza y abatimiento, porque eso de suyo ayuda a conocerse y tenerse en lo que es, pero que sea uno lanzado y estimado de todos, y tenido por Santo varón admirable, y se quede el tan entero en la verdad de su bajeza y de su nada como si no hubiera nada de aquello en él, esa es rara y excelente virtud y cosa de gran perfección.
En estos dice San Bernardo conforme al mandamiento del Señor (Mt 5,16) Su luz luce y resplandece delante de los hombres para glorificar no a si mismo sino a su Padre que está los cielos. Estos son los verdaderos imitadores del Apóstol Pablo y de los predicadores evangélicos que no se predican a sí mismos, sino a Jesucristo. Estos son buenos y fieles siervos, que no buscan sus comodidades, ni se alzan con cosa alguna, ni se atribuyen nada así, sino todo lo atribuyen fielmente a Dios y a El dan la gloria de todo.
Hemos de considerar que no obremos y tengamos parte en las buenas obras que hacemos, que eso sería ignorancia y error. Claro está que nosotros y nuestro libre albedrio concurre y obra juntamente con Dios en las buenas obras, porque libremente da el consentimiento en ellas, y por eso obra el hombre, y en su mano está no obrar. Es lo que hace tan dificultoso este grado de humildad, porque por una parte tenemos que poner todos los medios que podamos para alcanzar la virtud, y para resistir la tentación, y para que el negocio suceda bien, como si ellos solos bastasen para ello; y por otra parte después de hecho eso, hemos de desconfiar de todo ello, como si no hubiéramos hecho nada, y tenernos por siervos inútiles y sin provecho, y poner toda nuestra confianza en Dios, como nos enseña El en (Lc 17,10) Cuando hayáis hecho todo lo que os he mandado decid: somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer. San Pablo (1Cor 4, 7) ¿Qué tienes que no hayas recibido?
San Agustín dice que nosotros sin la gracia de Dios no somos otra cosa sino lo que es un cuerpo sin alma. Así como un cuerpo muerto no se puede mover ni menear, así nosotros sin la gracia de Dios no podemos obrar obras de vida y valor delante de Dios. Y en otra parte dice que así como los ojos corporales, aunque estén muy sanos, si no son ayudados por la luz no podemos ver, así el hombre aunque sea muy justificado, si no es ayudado de la luz y gracia divina, no pueden vivir bien.
En esto consiste el tercer grado de humildad, que no llegan nuestras cortas palabras a acabar de declarar la profundidad y perfección que hay en él, porque no solo la practica sino también la teórica de él es dificultosa. Esta es la aniquilación de sí mismos, tan encomendada por los maestros de la vida espiritual, es tenerse y confiarse por indigno e inútil para todas las cosas, este tercer grado está en aquella desconfianza de sí mismos, y aquel estar colgados y pendientes de Dios. Este es el verdadero tenerse en nada, que a cada paso oímos y decimos, y que todo bien que tenemos y obramos no es nuestro sino de Dios, suya es la honra y gloria de todo.
domingo, 15 de septiembre de 2013
Como con humildad se puede compaginar el querer ser tenidos y estimados de los hombres
Como con humildad se puede compaginar el querer ser tenidos y estimados de los hombres
Se suele ofrecer muchas veces una duda acerca de la humildad. Decimos comúnmente, y es doctrina de los santos, que hemos de desear ser despreciados, abatidos y tenidos en poco y que no hagan caso de nosotros. Luego por otra parte ¿Cómo haremos fruto en los prójimos si nos desprecian y tienen en poco, porque para eso es menester tener autoridad con ellos y que tengan buena opinión y estima de nosotros? Y así parece que no será malo sino bueno, desear ser estimados y considerados por los hombres.
San Gregorio dice que algunas veces los varones santos se alegran de tener buena opinión y estima acerca de los hombres, pero eso es cuando ven que es medio necesario para que los prójimos se aprovechen y ayuden más en sus almas. Y por eso dice San Gregorio, no es alegrarse de su estima y opinión, sino del fruto y aprovechamiento de los prójimos, que es cosa muy diferente. Una cosa es amar uno la honra y estima humana por sí misma, y parando en ella por su propio respeto y contento, por ser grande y señalado en la opinión de los hombres y esto es malo, otra cosa es cuando esto se ama por algún fin bueno, como es el provecho de los prójimos y para hacer fruto en sus almas, y esto no es malo sino bueno.
Y de esta manera podemos nosotros desear la honra y estimación del mundo y que tengan buena opinión de nosotros, por la mayor gloria de Dios, y por ser así necesario para la edificación de los prójimos y para hacer fruto de ellos, porque esto no es alegrarse uno de la honra y estimación, sino del provecho y bien de los prójimos y de la mayor gloria de Dios. La honra y estimación la hemos de desear y alegrarnos con ella solamente cuanto es necesaria para la edificación de los prójimos, para hacer fruto en ellos y para mayor honra y gloria de Dios.
De manera que la honra y estimación de los hombres es verdad que no es mala, sino buena, si usamos bien de ella, y así, licita y santamente se puede desear. Y aún alabarse uno mismo puede ser bueno y santo si se hace como se debe, como vemos en San Pablo (2 Cor 4,11) Comienza a alabarse y a contar grandezas de si, refiriendo grandes mercedes que nuestro Señor le había hecho, y diciendo que había trabajado más que los Apóstoles; y comienza a contar las revelaciones y arrobamientos que había tenido hasta el tercer cielo. Mas lo hacía porque entonces convenía y era menester para la honra de Dios y para el provecho de los prójimos a quien escribía, para que así le tuviesen y estimasen como apóstol de Cristo, y recibiesen su doctrina y se aprovechasen de ella. Y decía estas cosas de si con un corazón, no solo despreciador de la honra, sino amador del desprecio y deshonra por Jesucristo,, porque cuando no era necesario para el bien de los prójimos muy bien se sabia el apocar y abatir diciendo de si (1Cor 15,9) que no era digno de llamarse Apóstol, porque persiguió la Iglesia de Dios. Y llamándose blasfemo y abortivo (1Tim 1,13) y el mayor de los pecadores y cuando se le ofrecían deshonras y menosprecios ese era su contento y regocijo.
De estos corazones bien se puede uno fiar que reciban honra y que digan ellos algunas veces cosas que aprovechen para tenerla, porque nunca harán estas cosas sino cuando fuese necesario por la mayor gloria de Dios, porque no aman su propia honra sino la honra de Dios y el bien de las almas.
Es muy dificultoso recibir la honra y no ensoberbecerse, ni tomar en ella algún vano contentamiento o complacencia, por eso los santos, temiendo el peligro grande que hay en la honra y estimación y en la dignidades y puestos altos, huían cuando podían de todo eso y se iban donde no fuesen conocidos y estimados, y procuraban ocuparse en oficios bajos y despreciados, porque veían que aquello les ayudaba más en su aprovechamiento y a conservarse en humildad, y que era camino más seguro para ellos.
(San Juan 8, 50) Yo no busco mi gloria, mi Padre cuenta con eso pues si nuestro padre celestial busca y procura nuestra gloria y nuestra honra no es menester que nosotros tengamos cuidado de eso, cuanto más nos humillemos y abajemos, por ahí Dios nos levantara. La Iglesia ganara más cuando vean a sus hijos humildes, callados, y sufridos, mortificados y estén deshechos de todo lo que tiene sabor y olor a mundo.
domingo, 8 de septiembre de 2013
como hemos de traer a examen particular la virtud de la humildad
Como hemos de traer a examen particular la virtud de la humildad
El examen particular siempre se ha de hacer de una cosa sola, porque de esa manera es más eficaz y de mayor efecto que si lo hacemos de muchas cosas juntas. Es de tanta importancia esto, que si queremos hacer examen de un vicio o una virtud, tenemos que hacerlo por partes y poco a poco, para poder alcanzar lo que se desea. Si queremos hacer examen para desarraigar la soberbia de nuestro corazón y alcanzar la virtud de la humildad, no lo hemos de tomar en general, porque la soberbia o la humildad comprende muchos aspectos, iremos dividiendo y desmenuzando, para que así podamos hacer mejor y con más provecho el examen particular de esta virtud tan necesaria. Veamos los pasos que hay que dar para hacer el examen particular de la virtud de la humildad.
Lo primero no hablar palabras que puedan redundar en nuestra alabanza y estima (Mt 12,34) porque de la abundancia habla la boca. Ofreciéndose alguna cosa honrosa, luego queremos hacernos parte de ella.
Lo segundo no oigamos de buena gana que otros nos alaben y digan bien de nosotros porque en esto hay también grave peligro. Dice San Ambrosio que cuando el demonio no nos puede derribar con pusilanimidad (cobardía) y desmayo, procura derribarnos con presunción y soberbia, y cuando no nos puede derribar con deshonra, trata que nos honren y alaben para derrocarnos por allí.
San Juan Clímaco dice que cuando nos alaben, pongamos delante nuestros pecados, y veremos que somos indignos de las alabanzas que nos dan, y así sacaremos de ellas más humildad.
La tercera cosa es no hacer cosa alguna para ser vistos y estimados de los hombres, que es lo que nos avisa Cristo en (Mt.6,1) Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre Celestial. Este es un examen muy provechoso y se puede dividir en muchas partes, primero se puede no hacer las cosas por respetos humanos, hacerlas puramente por Dios, hacerlas muy bien hechas, como quien las hace delante de Dios, y como quien sirve a Dios y no a los hombres, Hasta llegar a hacer las obras de tal manera que más parezca que estamos más en ellas amando que obrando.
La cuarta cosa que podemos traer a examen es no excusarnos, porque también nace de soberbia que haciendo las faltas o diciéndonoslas, luego las queremos excusar, y sin sentir echamos una excusa tras otra. (Génesis 3, 12) Señor la mujer que tú me diste por compañera me hizo comer y la mujer se excusa con la serpiente la serpiente me engaño, y comí. Todo esto nace de la mucha soberbia que tenemos, que no queremos que se sepan nuestras faltas, ni ser tenidos por defectuosos, y más nos pesa de que se sepan y de la estima que por ello perdemos, que de haberlas hecho, y así las procurásemos encubrir y excusar cuanto podemos. Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de los que les pueden oponer: Si hice aquello fue por esto y si hice lo otro fue por lo otro. ¿Quién os pica ahora, que así saltáis? El estimulo y aguijón de la soberbia que tenemos allá dentro en las entrañas, ese nos pica y nos hace saltar con eso, aun antes de tiempo.
Lo quinto es también buen examen el de cortar y disminuir pensamientos de soberbia. Todo esto nace de la gran soberbia que tenemos que está brotando y reventando en esos pensamientos y así es muy bueno traer a examen disminuir y cortar luego estos pensamientos altivos y vanos como lo es también atajar y cortar los pensamientos deshonestos y de juicios y de otro en cualquier vicio que uno sea molestado.
El sexto, será también buen examen tenerlos a todos por superiores. Que nos animemos a la humildad, procurando y deseando dar ventaja a los otros, estimulándolos en nuestra alma a todos, como si fuesen superiores, y exteriormente teniéndolos el respeto y reverencia que sufre el estado de cada uno (filip 2,3) No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. (Rom12, 10) Amaos cordialmente unos a otros, que cada cual estime a los otros más que a sí mismos.
La séptima cosa es llevar bien todas las ocasiones que se os ofreciese de humildad. Nos sentimos mal cuando el otro nos dice una palabra, o cuando nos mandan con resolución o con imperio, o cuando nos parece que no nos hacen tanto caso como a los otros. Este es un examen de lo más propio y provechoso que podemos traer para alcanzar la virtud de la humildad, podemos ir creciendo en este examen y subiendo por los tres grados primero llevar todas las cosas con paciencia, después llevarlas con prontitud y facilidad hasta que no reparemos ni hagamos caso de nada de eso, después llevarlo con alegría y alegrarnos en nuestro desprecio, en esto consiste la perfección de la humildad.
Lo octavo es hacer algunos actos y ejercicios de humildad, u otra virtud a si interiores como exteriores, hasta que vaya ganando hábito y costumbre de aquella virtud. De esta manera divididos los enemigos, y tomando a cada uno por si, se vence mejor y se alcanza más brevemente lo que se desea.
sábado, 7 de septiembre de 2013
como nos hemos de ejercitar en la oracion en este segundo grado de humildad
Como nos hemos de ejercitar en la oración en este segundo grado de humildad
San Ignacio pone la siguiente regla: que así como los mundanos aman y desean con tanta diligencia honras, fama y estimación de mucho nombre en la tierra; así los que van en espíritu y siguen de veras a Cristo, aman y desean intensamente todo lo contrario, deseando pasar injurias, falsos testimonios, afrentas y ser tenidos por locos, no dando ellos ocasión alguna de ello, por desear parecer e imitar en alguna manera a Cristo.
Dios quiere hombres verdaderamente deshechos de sí y que estén muertos del todo al mundo. Como es dificultoso llegar a este punto, es importante que el cristiano aspire tener deseos de llegar a este estado, y esté dispuesto a llevarlo con paciencia cuando se le ofrezca semejantes ocasiones. Es bueno que el cristiano tenga disposición para aprender y aprovechar. La Iglesia es escuela de virtud y perfección, entremos con ese deseo, y con la gracia del Señor lo conseguiremos.
Si no sentimos deseos de ser despreciados y tenidos en poco, pero deseamos tenerlos: comencemos a ejercitarnos en la oración en esta virtud de la humildad, digamos con el profeta (sal 118,20) Mi alma se consume, deseando continuamente tus mandamientos. Mucho querría, Señor, llegar siquiera a tener esos deseos, deseo desearlo. Insistamos y perseveremos en la oración y pidamos al Señor que nos ablande el corazón, porque agrada mucho al Señor esos deseos y los oye Él de muy buena gana, pues dice el profeta El deseo de los pobres oyó el Señor, la preocupación de su corazón oyó, Señor, tu oído. Enseguida nos dará el Señor un deseo de padecer algo por su amor y de hacer alguna penitencia por nuestros pecados, cuando nos lo dé ¿en qué podemos emplear mejor ese deseo de padecer? ¿Y en qué podemos hacer mayor penitencia que en ser despreciado y tenido en poco por su amor en recompensa de nuestros pecados?
Y cuando el Señor nos haga esa merced, que sintamos en nosotros esos deseos de ser despreciado y tenido en poco, por parecer e imitar a Cristo, no hemos de pensar que hemos alcanzado ya la virtud de la humildad sino que hemos de comenzar de nuevo a plantear y asentar en nuestra alma la virtud. Y detenernos en esos deseos muy despacio y ejercitarnos mucho tiempo en ellos, en la oración, hasta que lleguen a ser tales y tan eficaces que se extiendan en obras.
Cuando lleguemos a esto, que nos parece que llevamos bien las ocasiones que se nos ofrecen, en la misma obra hay muchos grados y escalones que subir para llegar a la perfección de la humildad. Porque lo primero es que nos ejercitemos en llevar con paciencia todas las ocasiones que se nos ofrecen, que tocan a nuestro desprecio y desestima. Después hemos de pasar adelante, y no parar ni descansar hasta que nos alegremos en el desprecio y afrenta y sintamos en eso tanto contento y gusto como los mundanos en cuantas honras, riquezas y placeres hay en el mundo conforme a aquello del profeta (Sal 118,14) Mi alegría, es el camino de tus precepto, más que todas las riquezas. Tomemos esto por señal para ver si deseamos de veras ser tenido en poco y si vamos creciendo en la virtud de la humildad. Y lo mismo en las demás virtudes.
Para que no aprovechemos más en este medio de la oración, y con él se nos vaya imprimiendo más en el corazón la virtud, hemos de ir en ella descendiendo en casos particulares y dificultosos que se nos puede ofrecer, hasta que ninguna cosa se nos ponga delante, sino que todo quede allanado, para que de esa manera se va desarraigando el vicio, y la virtud embebiendo y entrañando en el corazón y perfeccionándose más.
jueves, 22 de agosto de 2013
No hemos de hablar palabras que puedan redundar a nuestra alabanza
No hemos de hablar palabras que pueden redundar a nuestra alabanza
Los santos nos avisan que nos guardemos con mucho cuidado de hablar palabras que puedan redundar en nuestra alabanza y estima, conforme a aquello que el santo Tobías aconseja a su hijo Nunca permitas que la soberbia se enseñoree en tu corazón ni en tus palabras.
San Pablo 2(Cor 12,6) Aunque, si quisiera gloriarme, no me comportaría como un necio, diría la pura verdad, pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí. Había dicho el Apóstol algunas cosas grandes de sí, porque convenía para los oyentes y para la mayor gloria de Dios, y pudiera decir otras mayores, pues había sido arrebatado al tercer Cielo, donde vio y entendió más de lo que la lengua puede hablar, pero las dejo de decir para que no piensen alguno de mi más de lo que hay y se ve en mi.
Dice San Bernardo que el soberbio y arrogante no perdona esas cosas, porque no deja pasar ninguna ocasión en que pueda mostrar ser algo, que no lo haga. Solo el verdadero humilde deja pasar estas ocasiones, para que no le tengan en más de lo que es, quiere encubrir lo que verdaderamente es.
Dice San Basilio: El que ha nacido con otro nacimiento nuevo, y ha contraído parentesco espiritual y divino con Dios, y recibido poder para ser hijo suyo, se avergüenza de ese otro parentesco carnal y se olvida de él. Dice el proverbio la alabanza en la propia boca envilece y en (prov 27,4) Que otro te alabe, nunca tu bien, que sea un extraño, nunca tus labios. Pero en la boca del cristiano parece mucho peor, por ser tan contrarias a lo que profesa, y por donde uno piensa que será estimado viene a ser desestimado y tenido en poco.
San Ambrosio sobre aquellas palabras del profeta Mirad Señor mi humildad y libradme dice: Aunque uno sea enfermo, pobre, y de baja suerte, si él no ensoberbece ni se quiere preferir a nadie, con la humildad se hace amar y estimar, esa lo suple todo. Y por el contrario, aunque uno sea muy rico, noble, poderoso y aunque sea muy retraído y tenga muchas habilidades, y él se jacta y engríe de eso, con eso se apoca y abate, y viene a ser despreciado y tenido en menos, porque viene a ser tenido por soberbio,
Dice San Buenaventura: Entended que apenas puede haber en vos cosa buena y digna de alabanza, que no se trasluzca a los otros y la entiendan y sepan, y si vos calláis y la escondéis, agradareis mucho más y seréis más digno de alabanza, así por la virtud como por quererla encubrir, pero si vos la manifestáis harán burla de vos, y donde antes os estimaban os vendrán a despreciar y tener en poco.
domingo, 18 de agosto de 2013
Del ejecicio de humildad que tenemos en religion
Del ejercicio de humildad que tenemos en la religión
San Basilio prefiere y antepone la vida monástica a la solitaria, una de las razones que de esto da es porque la vida solitaria, fuera de ser peligrosa, no es tan suficiente para alcanzar las virtudes necesarias como la monástica por carecer del uso y ejercicio de ellas. Porque ¿Cómo se ejercitaría en la humildad, si no tiene alguno a quien humillarse? Y ¿Cómo se ejecutaría la caridad y misericordia, quien no tiene trato ni comunicación con otro? y ¿Cómo se podría ejercitar la paciencia, el que no tiene quien le resista a lo que quiere? Pero el cristiano que vive en familia o en comunidad religiosa tiene gran comodidad para alcanzar todas las virtudes necesarias, por la ocasión que tiene de ejercitarse en todas ellas.
Si fuéramos verdaderamente humildes, tendríamos toda nuestra conciencia descubierta, ya sea el religioso a su superior, ya sea el cristiano a su director espiritual, o a su confesor, dándole cuenta de todas nuestras tentaciones, pasiones y malas inclinaciones, y todos nuestros defectos y miserias. Nos tendríamos que alegrar, que todos los errores, faltas y cualquier cosa que se notase y sepan suyas, sean manifestadas a sus mayores por cualquier persona, fuera de la confesión, y todo para mayor bajeza y humildad nuestra.
Si hacemos las mortificaciones exteriores sin espíritu, serán de poco provecho (1Tim 4,8) El ejercicio corporal para poco vale y poco aprovecha. Eso es hacer las cosas por cumplimiento y costumbre, cuando se hace solamente lo exterior, sin espíritu, y sin procurar conseguir el fin que se pretende con ello. Si acabamos de besar los pies a nuestros hermanos, y después les hablamos con palabras ásperas y desapacibles en el trato, no viene bien ni lo uno ni lo otro: eso es señal que aquello fue cumplimiento o hipocresía.
confirmar con algunos ejemplos los medios para alcanzar la virtud de la humildad
Confirmarse en lo dicho con algunos ejemplos
Cuenta Pedro Cluniacense que hubo en la orden de la cartuja un religioso a quien Nuestro Señor conservo tan casto, puro y entero, que ni entre sueños tuvo jamás alguna ilusión.
Estando un día muy afligido y fatigado con graves tentaciones del demonio, se me apareció la soberana Virgen, y con su presencia desaparecieron los demonios, y después de haberme consolado y animado a perseverar y a ir adelante en la virtud y perfección, me dijo: Y para que mejor puedas hacer esto, te quiero decir en particular de los tesoros de mi Hijo, tres maneras o ejercicios de humildad, en los cuales ejercitándote agradaras mucho a Dios y vencerás a tu enemigo, y son: que te humilles en estas tres cosas: en la comida en el vestido y en los oficios que hicieres, de manera que en el comer desees y procures los manjares más viles, y en el vestido el más pobre y grosero, y en cuanto a los oficios, procures los más bajos y humildes, teniendo por gran honra y ganancia ocuparte en los oficios más abatidos y despreciados de que otros se desdeñan y huyen.
Se cuenta en la vida de los Padres, que contaba el abad Juan que un filósofo tuvo un discípulo que cometió una culpa, y le dijo: No te perdono si no sufres las injurias de otros durante tres años. Lo hizo así, y vino por el perdón, y volvió a decir el filosofo: No te perdono si no das premios otros tres años cuando te injurien, lo hizo así, y entonces le perdono y le dijo: Ya puedes ir a Atenas a aprender la sabiduría, fue a Atenas, y un filosofo injuriaba a los que entraban a oírle de nuevo, por ver si tenían paciencia, y como le hiciese una injuria y él se reía le dijo; ¿Cómo te ríes cuando te injurio? Respondió: tres años di dones para que me injuriasen y ahora he hallado quien me injuria de balde, ¿no quieres que me ría? Entonces le dijo el filósofo: Entra que tu eres bueno para la sabiduría. De lo cual se deduce que la paciencia es la puerta de la sabiduría.
De San Francisco de Borja se cuenta que yendo una vez con el Padre Bustamante ,que era su compañero, llegaron a una posada, donde no había para dormir sino un aposentillo estrecho con sendos jergones de paja, se acostaron y el Padre Bustamante por su vejez y estar fatigado de asma, no hizo en toda noche sino toser y escupir, y pensando que escupía hacia la pared, acertó a escupir en el Padre Francisco, y muchas veces en el rostro. El Padre no hablo palabra, ni se mudo ni desvió por ello. A la mañana cuando el Padre Bustamante vio de día lo que había hecho de noche, quedo en gran manera confuso, y el Padre Francisco no menos alegre y contento, para consolarle le decía: No tenga pena por eso, Padre, que yo le certifico que no había en el aposento lugar más digno de ser escupido que yo.
domingo, 11 de agosto de 2013
El medio más eficaz para alcanzar la virtud de la humildad es el ejercicio de ella
El medio más eficaz para alcanzar la virtud de la humildad es el ejercicio de ella
Dicen los Santos que no bastan razones ni consideraciones, sino que es menester el ejercicio de humildad, y que este es el más principal y eficaz medio que podemos poner de nuestra parte para alcanzar esta virtud.
San Basilio dice: que así como las ciencias y las artes se adquieren con el ejercicio, así también las virtudes morales. Para alcanzar el hábito de la humildad y de las virtudes morales, es menester ejercitarnos en sus actos, y de esa manera lo alcanzaremos. Y si alguno dijere que para componer y moderar las pasiones y afectos de su alma y alcanzar las virtudes bastan razones y consideraciones, avisos y documentos de la Escritura y de los Santos, se engaña.
Dice San Pablo (Rom 2,13) Pues no son justos ante Dios quienes oyen la ley, sino que serán justificado quienes la cumplen. Y aunque es verdad que toda virtud nos ha de venir de la manos de Dios, y que nuestras fuerzas no son bastante para eso, pero quiere el Señor, que nosotros nos ayudemos de esta manera. Si queremos alcanzar la virtud de la humildad tenemos que ejercitarnos en actos exteriores de humildad. Os he dado ejemplo para que hagáis como yo he hecho. Pues el Soberano y todo Poderoso se humillo, el Hijo de Dios se abatió y ocupó en ejercicios humildes y bajos, lavando los pies a sus discípulos y sirviendo a su Madre y a San José y estando sujeto y obediente a ellos en todo lo que le mandaban, aprendamos de Él y ejercitémonos en ejercicios bajos y humildes, y de esa manera alcanzaremos la virtud de la humildad.
Dice San Bernardo: La humillación exterior es el camino y medio apara alcanzar la humildad, como la paciencia para alcanzar la paz, y la lección y el estudio para alcanzar la ciencia. Por tanto si queremos alcanzar la virtud de la humildad, no huyamos de los ejercicios de la humillación, porque si decimos que no podemos o no queremos humillarnos tampoco podremos alcanzar la virtud de la humildad.
Dice San Agustín: Están tan trabadas y unidos entre si este hombre exterior e interior, depende tanto el uno del otro, que cuando el cuerpo anda humillado y abatido, se despierta allá dentro en el corazón un afecto de humildad. No sé que tiene aquel humillarme delante de mi hermano a servirle y besarle los pies, no sé que tiene el vestido pobre y vil y el oficio bajo y humilde, que parece que va engendrando y creando la humildad en el corazón y si la hay la va conservando y aumentando.
San Basilio dice: que así como los hombres del mundo el vestido bueno y lustroso los levanta el corazón y engendra en ellos unos humos de vanidad y soberbia y estima propia, así en el cristiano, en los religiosos y siervos de Dios el vestido pobre y humilde despierta en el corazón un afecto de humildad, y crea desestima de si, y parece que hace el hombre despreciable. Entre todas las humillaciones exteriores, una de las más principales es el vestido pobre y vil, y por eso es tan usada por los verdaderos humildes.
Para alcanzar la humildad de corazón y cualquier otra virtud interior ayuda mucho el ejercicio exterior de la misma virtud, porque la voluntad se mueve mucho más con eso que con los deseos. Dice el proverbio lo que ojos no ven, corazón no quiebra. Mueve mucho más la voluntad que las aprensiones y deseos interiores, donde el objeto no está presente, sino solo en la imaginación y aprensión.
Cada día experimentamos, que tiene uno repugnancia de hacer una mortificación, de esas ordinarias que hacemos, y al segundo día que lo hacemos no se siente dificultad, y antes había tenido muchos deseos de eso y no bastaron para vencer la dificultad. Para todos es importante este ejercicio, no solamente para los que comienzan, sino para los que van adelante y están muy aprovechados.
San Ignacio dice: Se deben prevenir las tentaciones con los contrarios de ellas, cuando estas inclinado a la soberbia, ejercitándose en cosas bajas que se piensa te ayudaran para humillarte, y asi de otras inclinaciones siniestras. Cuanto a los oficios bajos y humildes, se deben prontamente tomar aquellos en los cuales tengas mayor repugnancia. Estas dos cosas humildad y humillación, se han de ayudar la una a la otra, y de la humillación interior, que es despreciarse a sí mismo y tenerse en poco, ha de nacer la humillación exterior. Así como el humilde se desprecia interiormente en sus mismos ojos se tiene por indigno de toda honra, así a de ser el tratamiento exterior y las obras exteriores que hiciere; escoged el lugar más bajo como dice Cristo, tratad con los más pequeños y bajos, alegraos con los oficios humildes, y esta misma humillación exterior que nace de lo interior, acrecentará esa misma fuente de donde nace.
jueves, 8 de agosto de 2013
La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y sin ella nunca la tendremos
La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y que sin ella nunca la tendremos
(Mt 11,29) Aprended de Mí. Que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas.
Una de las principales y eficaces razones que podemos traer para animarnos y despreciar la honra y estimación del mundo y procurar ser humildes, es la que nos propone Cristo en estas palabras, que es medio único para alcanzar la paz y quietud interior del alma, San Pablo pone como uno de los frutos del Espíritu Santo.
Para entender mejor la paz y quietud de que goza el humilde, es mejor que veamos la inquietud y desasosegó que el soberbio trae en su corazón. (Isaias 48,22) No hay paz para los malvados, dice el Señor. No saben qué cosa es tener paz, y aunque algunas veces parece que la tienen, no es paz verdadera porque dentro de su corazón tienen guerra, la cual les está haciendo siempre su propia conciencia. Siempre viven en amargura de corazón.
Los soberbios tienen consigo gran inquietud y desasosiego. San Agustín dice que de la soberbia nace luego la envidia, la soberbia y la envidia dice que hacen al demonio demonio. El que por una parte anda lleno de soberbia y de deseos de honra y estimación, y ve que no le suceden las cosas conforme a lo que piensa, y por otra parte anda juntamente lleno de envidia, porque es hija de la soberbia y que siempre la acompaña cuando ve a otros tenidos y estimados y preferidos a si, claro está que ha de andar lleno de hiel y de amargura, y con gran inquietud y desasosiego, porque no hay cosa que más lastime a un soberbio, ni tanto le llegue al corazón como una cosa de estas.
No es solamente necesaria la humildad para la perfección sino muchas veces para la salvación (Mt 18,3) Si no os convertís y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. Aunque es verdad que hay enfermedad y melancolía, muchas veces el estar melancólico y triste no es humor de de melancolía ni enfermedad corporal, sino humor de soberbia y enfermedad espiritual. Estáis triste y melancólico porque estáis olvidado y arrinconado y no os hacen caso. Estáis triste y melancólico porque de donde pensabais salir con honra, no salisteis con ella, antes os parece quedasteis corrido y afrentado. Y cuando tiene que hacer alguna cosa pública el temor de cómo ha de suceder y si habéis de ganar honra o perderla, le pone triste y congojado, estas son las cosas que ponen triste y melancólico al soberbio.
Pero el humilde de corazón que no desea honra y estimación, y se contenta con el lugar bajo, está libre de todas estas congojas y desasosiegos, y goza de mucha paz, conforme a las palabras de Cristo, como dice el Kempis Si hay paz en la tierra, el humilde de corazón la posee.
domingo, 4 de agosto de 2013
El camino cierto para ser tenido y estimado de los hombres es darse a la virtud y a la humildad
El camino cierto para ser tenido y estimado de los hombres es darse a la virtud y a la humildad
El camino seguro y cierto por el cual sin duda vamos a ser tenidos y estimados de los hombres es el de la virtud de la humildad. Procuremos ser buen religioso y el menor y más humilde de todos y de parecerlo en nuestro modo de proceder y en las ocasiones que se nos ofrezcan, de esa manera seremos muy estimado de todos.
Seria gran vergüenza y deshonra salirse de la religión y volverse al mundo, y con razón harían los hombres burla de él (Lc 14,30) porque comenzó a edificar y no lo pudo acabar, así es desear y pretender ser tenido y estimado de los hombres porque eso es volverse al mundo con el corazón, y lo que vos dejasteis y huiste cuando os acogisteis a la religión.
¿Queréis ver claramente cuan vergonzosa y afrentosa cosa es desear ser tenido y estimado de los hombres en quien profesa tratar de perfección? Salga a la luz ese deseo de manera que echen de ver los otros que lo deseáis y veréis cuan afrentado y corrido quedamos de que eso se entienda. Tenemos un ejemplo en el Evangelio (Lc 22,24) Iban los apóstoles con Cristo algo apartados de Él, que les parecía a ellos que no les oiría, e iban disputando entre sí, quién de ellos era el mayor y más principal, y llegado a casa en Cafarnaúm les pregunto ¿Qué era aquello que veníais tratando por el camino? Dice el Evangelio que se hallaron tan corridos y avergonzados de ver descubierta su pretensión y ambición que no tuvieron boca para responder. Y Jesús les dijo (Mc 9,35) Quien quiera ser el primero sea el último de todos y servidor de todos. En la casa de Dios el abatirse y humillarse es ser grande. El hacerse uno el menor en todos le hace ser tenido y estimado.
La vanagloria muchas veces es causa de ignominia a los suyos, porque los hizo caer en cosas con que descubriendo su vanidad y ambición, vinieron en gran deshonra y confusión. La soberbia ciega de tal manera el entendimiento, que muchas veces, mientras más soberbia, menos se conoce, y así, como ciego, hace y dice el soberbio tales cosas, que si cayera en la cuenta, aunque no fuera por Dios, ni por virtud, sino solamente por esa misma honra y estimación que desea, no las dijera ni hiciera en ninguna manera.
Aunque no fuese por vía de espíritu sino en ley de prudencia y buen juicio, y aún en ley del mundo, el camino cierto y verdadero para ser uno tenido y estimado, querido y amado de los hombres, es darse uno de veras a la verdadera humildad.
No queremos decir que nos hemos de dar a la virtud de la humildad por ser tenidos y estimados de los hombres que eso sería soberbia y perversión, lo que decimos es que si procuramos ser humildes de veras y de corazón, seremos tenidos y estimados aunque no queramos.
Cristo en el evangelio nos dice el modo para tener lugares y asientos más honrosos (Lc 14, 8-11) Cuando te conviden, no os sentéis en el primer puesto, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tu, y venga el que os convido a ti y al otro y te diga: Cédele el puesto a este. Entonces avergonzado iras a ocupar el último puesto. Al revés cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto para que, cuando venga el que te convido, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedaras muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
(Prov 25,6) No te des importancia ante el rey, no te coloque entre los grandes, mejor que te digan sube aca, que verte humillado entre los hombres.
Vemos como solamente delante de Dios, sino también delante de los hombres, el humilde que escoge el lugar bajo y despreciado es tenido y estimado, por el contrario, el soberbio que desea y pretende el primer lugar y los mejores puestos y más honrosos es despreciado y tenido en menos.
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