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domingo, 18 de agosto de 2013

Del ejecicio de humildad que tenemos en religion


Del ejercicio de humildad que tenemos en la religión
San Basilio prefiere y antepone la vida monástica a la solitaria, una de las razones que de esto da es porque la vida solitaria, fuera de ser peligrosa, no es tan suficiente para alcanzar las virtudes necesarias como la monástica por carecer del uso y ejercicio de ellas. Porque ¿Cómo se ejercitaría en la humildad, si no tiene alguno a quien humillarse? Y ¿Cómo se ejecutaría la caridad y misericordia, quien no tiene trato ni comunicación con otro? y ¿Cómo se podría ejercitar la paciencia, el que no tiene quien le resista a lo que quiere? Pero el cristiano que vive en familia o en comunidad religiosa tiene gran comodidad para alcanzar todas las virtudes necesarias, por la ocasión que tiene de ejercitarse en todas ellas.
Si fuéramos verdaderamente humildes, tendríamos toda nuestra conciencia descubierta, ya sea el religioso a su superior, ya sea el cristiano a su director espiritual, o a su confesor, dándole cuenta de todas nuestras tentaciones, pasiones y malas inclinaciones, y todos nuestros defectos y miserias. Nos tendríamos que alegrar, que todos los errores, faltas y cualquier cosa que se notase y sepan suyas, sean manifestadas a sus mayores por cualquier persona, fuera de la confesión, y todo para mayor bajeza y humildad nuestra.
Si hacemos las mortificaciones exteriores sin espíritu, serán de poco provecho (1Tim 4,8) El ejercicio corporal para poco vale y poco aprovecha. Eso es hacer las cosas por cumplimiento y costumbre, cuando se hace solamente lo exterior, sin espíritu, y sin procurar conseguir el fin que se pretende con ello. Si acabamos de besar los pies a nuestros hermanos, y después les hablamos con palabras ásperas y desapacibles en el trato, no viene bien ni lo uno ni lo otro: eso es señal que aquello fue cumplimiento o hipocresía.