sábado, 25 de mayo de 2013

Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento


Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento

Los santos Agustino y Bernardo dicen que esta ciencia del propio conocimiento es la más alta y de mayor provecho de cuantas han inventado y hallado el hombre.
Dice san Agustín: La ciencia de las cosas del cielo y de la tierra, la ciencia de la astrología, de la cosmografía, el saber de los movimientos de los cielos, los cursos de los planetas, sus propiedades e influencias; pero el conocerse a sí mismo es más alta ciencia y más provechosa que todas esas, Las demás hinchan y se envanecen, como dice San Pablo (1 Cor 8,1) pero esta edifica y humilla. Acerca de lo sacrificado a los ídolos, se que todos tenemos conocimiento. Pero el conocimiento engríe, mientras el amor edifica.
Dice San Bernardo hablando en persona de Dios ¡Oh hombre si te vieses y conocieses, luego te descontentarías y te desagradarías a ti, y me contentarías y agradarías a Mi; pero porque como no te ves, ni te conoces, te agradas a ti y me descontentas a Mí! Guardaos no venga tiempo, cuando ni os agradéis a vos ni a Dios, a Dios por pecasteis y a vos porque os condenasteis.
San Gregorio dice: Hay algunos que comenzando a vivir a Dios y tratar un poco de virtud, luego creen que son buenos y santos, y de tal manera ponen los ojos en lo bueno que hacen que se olvidan de los pecados y males pasados y algunas veces de los presentes, porque se ocupan tanto en mirar lo bueno que no atienden ni echan de ver muchas cosas malas que hacen .Pero los buenos y los escogidos hacen muy al contrario, porque estando llenos de virtudes y buenas obras siempre ponen los ojos en lo malo que tienen y están mirando y considerando sus faltas e imperfecciones. Así mirando sus males conservan sus bienes y las virtudes que tienen, permaneciendo siempre en humildad; por el contrario los malos, mirando sus bienes los pierden, porque se ensoberbecen y desvanecen con ellos. Y los malos sacan mal y daño de sus bienes porque usan mal de ellos. Y cuando el demonio os traiga a la memoria los bienes que hemos hecho para que os estiméis y ensoberbezcáis, dice san Gregorio contraponedle vos vuestros males, trayendo a la memoria vuestros pecados pasados, como lo hace el apóstol San Pablo (1 Timot 1, 13) ¡Ay! ¡Que he sido blasfemo y perseguidor de los siervos de Dios y del nombre de Cristo! (1 Cor15,9) ¡Que no soy digno de ser llamado Apóstol porque he perseguido a la Iglesia de Dios! Este es buen contrapeso y muy buena contramina contra esta tentación.
San Francisco de Borja tenía una devoción que le ayudaba mucho y era que cada día , al levantarse, la primera cosa que hacía era arrodillarse y besar tres veces la tierra, para acordarse de que era polvo y tierra y que en eso se había de volver. Pues guardemos nosotros este consejo y quedémonos con él, no se nos pase día alguno que no gastemos algún rato de oración en pensar algo que toque a nuestra confusión y desprecio. Y no paremos ni descansemos en este ejercicio hasta que sintamos que se nos ha embebido en nuestra alma un entrañable desprecio y desestima de nosotros mismos, y una confusión y vergüenza delante de acatamiento de la majestad de Dios viendo nuestra bajeza y miseria. Porque es tanta nuestra soberbia y la inclinación que tenemos a ser tenidos y estimados, que si no andamos continuamente en este ejercicio, cada hora nos hallaremos levantados sobre nosotros mismos como el corcho sobre el agua, porque más vanos y más livianos somos nosotros que el corcho.
Para que nos animemos más en este ejercicio y ninguno tome ocasión para dejarle por algunas falsas aprensiones se han de advertir aquí dos cosas: La primera, que no piense nadie que es ejercicio solo de los principiantes, porque es también de los antiguos y aprovechados y de muy perfectos varones, pues vemos que ellos y el mismo Apóstol San Pablo lo usaban.
La segunda, es menester que entendamos que este ejercicio no es triste ni melancólico, ni causa turbación ni desasosiego, antes trae consigo gran paz y quietud y gran contento y alegría, por muchas faltas y miserias que uno conozca en sí, aunque de verse tan ruin entienda claramente que merece que todos le aborrezcan y desprecien, porque cuando este conocimiento nace de verdadera humildad, viene aquella pena con una suavidad y contento que no querría uno verse sin ella. Esas otras penas y congojas que algunos tienen viendo en si tantas faltas e imperfecciones, son tentación del demonio, el cual pretende con eso, que pensemos que tenemos humildad, y por otra parte si pudiere, querría que desconfiásemos de Dios y que anduviésemos desalentados y desmayados en su servicio.
Si hubiéramos de parar en el conocimiento de nuestra flaqueza y miseria, harta ocasión tuviéramos de entristecernos y desconsolarnos. Pero no hemos de parar ahí, sino pasar luego a la consideración de la bondad y misericordia y liberalidad de Dios y a lo mucho que nos ama y padeció por nosotros y en eso hemos de poner nuestra confianza. Y así lo que fuera ocasión de desmayo y tristeza mirándoos a vos, sirve para esforzar y animar y es ocasión de mayor alegría y consuelo mirando a Dios. Se mira uno a sí mismo, y no ve sino  que llorar; y mirando a Dios confía en su bondad si temor a verse desamparado, por muchas faltas e imperfecciones y miserias que vea en si porque la bondad y misericordia de Dios es infinita, en que tiene puesto sus ojos y su corazón, exceden y sobrepujan infinitamente todo eso.

jueves, 9 de mayo de 2013

Otros bienes y provechos que hay en el ejercicio del propio conocimiento

Otros bienes y provechos que hay en el ejercicio del propio conocimiento.

Uno de los principales medios que podemos poner de nuestra parte para que el Señor nos haga merecedores y nos comunique grandes dones y virtudes, es humillarnos y conocer nuestra flaqueza y miseria.
Dice el Apóstol San Pablo (2 Cor 12,9) De muy buena gana me gloriaré en mis flaquezas, enfermedades y miserias para que así more en mi la virtud de Cristo.
San Ambrosio dice: Si se ha de gloriar el cristiano ha de ser en la poquedad y en su bajeza, porque ese es el camino para crecer y valer delante de Dios.
Para decir en breve los bienes y grandes provechos de este ejercicio, digo que para todas las cosas es remedio universal el propio conocimiento. Y así, podemos decir, que donde nace tal cosa y que remedio hay para ella, casi en todas podemos responder que aquella nace de la falta de conocimiento propio, y que el remedio seria conocerse a sí mismo y humillarse.
Porque si preguntamos de donde nace el juzgar a mis hermanos, digo que de falta de conocimiento propio; porque si anduviésemos dentro de nosotros, tendríamos tanto que mirar y llorar nuestros duelos que no tendríamos cuenta con los ajenos.
Si preguntamos de donde nace hablar a mis hermanos palabras ásperas y mortificativas, también nace de la falta de conocimiento propio, porque si no conociésemos y nos tuviésemos por el menor de todos, y cada uno mirásemos como a superior, no tendríamos atrevimiento para hablarlo de esa manera.
Si preguntáis de donde nacen las excusas, las quejas y las murmuraciones, por qué no me dan esto o lo otro,  o por qué me tratan de esta manera, claro está que nace de la falta de conocimiento.
Si nos preguntamos de donde nace el turbarse y entristecerse, cuando es molestado por tales o tales tentaciones, o cuando ve que cae muchas veces en algunas faltas, y melancolizarse y desanimarse con eso, también nace de la falta del propio conocimiento, porque si tuviésemos humildad y considerásemos bien la malicia de nuestro corazón, no nos turbaríamos ni desmayaríamos por eso, antes nos espantaríamos, como no pasan cosas peores por nosotros, y como no tendríamos mayores caídas, y andaríamos alabando y dando gracias a Dios porque nos tiene de su mano para que no caigamos en lo que cairiamos si Él no nos tuviera.
De una sentina y manantial de vicios ¿Qué no ha de brotar? De tal muladar, tales olores, como esos se han de esperar, y de tal árbol tal fruto. Si pedís remedio para tener mucha caridad con vuestros hermanos, para ser obediente, para ser paciente, para ser buen penitente, aquí tenéis el remedio para todo, conoceros a vosotros mismos y tener humildad.
Padre Francisco de Borja leemos que yendo de camino, le encontró un señor amigo suyo, y como le vio que andaba con tanta pobreza e incomodidad, se condolió de él. Le rogó que tuviese más en cuenta con su persona. Le dijo el Padre con alegre semblante y mucha disimulación: No le dé pena a vuestra señoría ni piense que voy tan desapercibido como le parece, porque le hago saber que siempre envío delante un aposentador que tiene aderezada la posada y todo regalo. Le preguntó aquel señor quien era este aposentador. Respondió: Es mi propio conocimiento y la consideración de lo que yo merezco, que es el infierno por mis pecados, y cuando con este conocimiento llego a cualquier posada, por desacomodada y desapercibida que esté siempre me parece más regalada de lo que yo merezco.