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domingo, 8 de septiembre de 2013

como hemos de traer a examen particular la virtud de la humildad


Como hemos de traer a examen particular la virtud de la humildad
El examen particular siempre se ha de hacer de una cosa sola, porque de esa manera es más eficaz y de mayor efecto que si lo hacemos de muchas cosas juntas. Es de tanta importancia esto, que si queremos hacer examen de un vicio o una virtud, tenemos que hacerlo por partes y poco a poco, para poder alcanzar lo que se desea. Si queremos hacer examen para desarraigar la soberbia de nuestro corazón y alcanzar la virtud de la humildad, no lo hemos de tomar en general, porque la soberbia o la humildad comprende muchos aspectos, iremos dividiendo y desmenuzando, para que así podamos hacer mejor y con más provecho el examen particular de esta virtud tan necesaria. Veamos los pasos que hay que dar para hacer el examen particular de la virtud de la humildad.
Lo primero no hablar palabras que puedan redundar en nuestra alabanza y estima (Mt 12,34) porque de la abundancia habla la boca. Ofreciéndose alguna cosa honrosa, luego queremos hacernos parte de ella.
Lo segundo no oigamos de buena gana que otros nos alaben y digan bien de nosotros porque en esto hay también grave peligro. Dice San  Ambrosio que cuando el demonio no nos puede derribar con pusilanimidad (cobardía) y desmayo, procura derribarnos con presunción y soberbia, y cuando no nos puede derribar con deshonra, trata que nos honren y alaben para derrocarnos por allí.
San Juan Clímaco dice que cuando nos alaben, pongamos delante nuestros pecados, y veremos que somos indignos de las alabanzas que nos dan, y así sacaremos de ellas más humildad.
La tercera cosa es no hacer cosa alguna para ser vistos y estimados de los hombres, que es lo que nos avisa Cristo en (Mt.6,1) Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre Celestial. Este es un examen muy provechoso y se puede dividir en muchas partes, primero se puede no hacer las cosas por respetos humanos, hacerlas puramente por Dios, hacerlas muy bien hechas, como quien las hace delante de Dios, y como quien sirve a Dios y no a los hombres, Hasta llegar a hacer las obras de tal manera que más parezca que estamos más en ellas amando que obrando.
La cuarta cosa que podemos traer a examen es no excusarnos, porque también nace de soberbia que haciendo las faltas o diciéndonoslas, luego las queremos excusar, y sin sentir echamos una excusa tras otra. (Génesis 3, 12) Señor la mujer que tú me diste por compañera me hizo comer y la mujer se excusa con la serpiente la serpiente me engaño, y comí. Todo esto nace de la mucha soberbia que tenemos, que no queremos que se sepan nuestras faltas, ni ser tenidos por defectuosos, y más nos pesa de que se sepan y de la estima que por ello perdemos, que de haberlas hecho, y así las procurásemos encubrir y excusar cuanto podemos. Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de los que les pueden oponer: Si hice aquello fue por esto y si hice lo otro fue por lo otro. ¿Quién os pica ahora, que así saltáis? El estimulo y aguijón de la soberbia que tenemos allá dentro en las entrañas, ese nos pica y nos hace saltar con eso, aun antes de tiempo.
Lo quinto es también buen examen el de cortar y disminuir pensamientos de soberbia. Todo esto nace de la gran soberbia que tenemos que está brotando y reventando en esos pensamientos y así es muy bueno traer a examen disminuir y cortar luego estos pensamientos altivos y vanos como lo es también atajar y cortar los pensamientos deshonestos y de juicios y de otro en cualquier vicio que uno sea molestado.
El sexto, será también buen examen tenerlos a todos por superiores. Que nos animemos a la humildad, procurando y deseando dar ventaja a los otros, estimulándolos en nuestra alma a todos, como si fuesen superiores, y exteriormente teniéndolos el respeto y reverencia que sufre el estado de cada uno (filip 2,3) No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. (Rom12, 10) Amaos cordialmente unos a otros, que cada cual estime a los otros más que a sí mismos.
La séptima cosa es llevar bien todas las ocasiones que se os ofreciese de humildad. Nos sentimos mal cuando el otro nos dice una palabra, o cuando nos mandan con resolución o con imperio, o cuando nos parece que no nos hacen tanto caso como a los otros. Este es un examen de lo más propio y provechoso que podemos traer para alcanzar la virtud de la humildad, podemos ir creciendo en este examen y subiendo por los tres grados primero llevar todas las cosas con paciencia, después llevarlas con prontitud y facilidad hasta que no reparemos ni hagamos caso de nada de eso, después llevarlo con alegría y alegrarnos en nuestro desprecio, en esto consiste la perfección de la humildad.
Lo octavo es hacer algunos actos y ejercicios de humildad, u otra virtud a si interiores como exteriores, hasta que vaya ganando hábito y costumbre de aquella virtud. De esta manera divididos los enemigos, y tomando a cada uno por si, se vence mejor y se alcanza más brevemente lo que se desea.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento


Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento

Los santos Agustino y Bernardo dicen que esta ciencia del propio conocimiento es la más alta y de mayor provecho de cuantas han inventado y hallado el hombre.
Dice san Agustín: La ciencia de las cosas del cielo y de la tierra, la ciencia de la astrología, de la cosmografía, el saber de los movimientos de los cielos, los cursos de los planetas, sus propiedades e influencias; pero el conocerse a sí mismo es más alta ciencia y más provechosa que todas esas, Las demás hinchan y se envanecen, como dice San Pablo (1 Cor 8,1) pero esta edifica y humilla. Acerca de lo sacrificado a los ídolos, se que todos tenemos conocimiento. Pero el conocimiento engríe, mientras el amor edifica.
Dice San Bernardo hablando en persona de Dios ¡Oh hombre si te vieses y conocieses, luego te descontentarías y te desagradarías a ti, y me contentarías y agradarías a Mi; pero porque como no te ves, ni te conoces, te agradas a ti y me descontentas a Mí! Guardaos no venga tiempo, cuando ni os agradéis a vos ni a Dios, a Dios por pecasteis y a vos porque os condenasteis.
San Gregorio dice: Hay algunos que comenzando a vivir a Dios y tratar un poco de virtud, luego creen que son buenos y santos, y de tal manera ponen los ojos en lo bueno que hacen que se olvidan de los pecados y males pasados y algunas veces de los presentes, porque se ocupan tanto en mirar lo bueno que no atienden ni echan de ver muchas cosas malas que hacen .Pero los buenos y los escogidos hacen muy al contrario, porque estando llenos de virtudes y buenas obras siempre ponen los ojos en lo malo que tienen y están mirando y considerando sus faltas e imperfecciones. Así mirando sus males conservan sus bienes y las virtudes que tienen, permaneciendo siempre en humildad; por el contrario los malos, mirando sus bienes los pierden, porque se ensoberbecen y desvanecen con ellos. Y los malos sacan mal y daño de sus bienes porque usan mal de ellos. Y cuando el demonio os traiga a la memoria los bienes que hemos hecho para que os estiméis y ensoberbezcáis, dice san Gregorio contraponedle vos vuestros males, trayendo a la memoria vuestros pecados pasados, como lo hace el apóstol San Pablo (1 Timot 1, 13) ¡Ay! ¡Que he sido blasfemo y perseguidor de los siervos de Dios y del nombre de Cristo! (1 Cor15,9) ¡Que no soy digno de ser llamado Apóstol porque he perseguido a la Iglesia de Dios! Este es buen contrapeso y muy buena contramina contra esta tentación.
San Francisco de Borja tenía una devoción que le ayudaba mucho y era que cada día , al levantarse, la primera cosa que hacía era arrodillarse y besar tres veces la tierra, para acordarse de que era polvo y tierra y que en eso se había de volver. Pues guardemos nosotros este consejo y quedémonos con él, no se nos pase día alguno que no gastemos algún rato de oración en pensar algo que toque a nuestra confusión y desprecio. Y no paremos ni descansemos en este ejercicio hasta que sintamos que se nos ha embebido en nuestra alma un entrañable desprecio y desestima de nosotros mismos, y una confusión y vergüenza delante de acatamiento de la majestad de Dios viendo nuestra bajeza y miseria. Porque es tanta nuestra soberbia y la inclinación que tenemos a ser tenidos y estimados, que si no andamos continuamente en este ejercicio, cada hora nos hallaremos levantados sobre nosotros mismos como el corcho sobre el agua, porque más vanos y más livianos somos nosotros que el corcho.
Para que nos animemos más en este ejercicio y ninguno tome ocasión para dejarle por algunas falsas aprensiones se han de advertir aquí dos cosas: La primera, que no piense nadie que es ejercicio solo de los principiantes, porque es también de los antiguos y aprovechados y de muy perfectos varones, pues vemos que ellos y el mismo Apóstol San Pablo lo usaban.
La segunda, es menester que entendamos que este ejercicio no es triste ni melancólico, ni causa turbación ni desasosiego, antes trae consigo gran paz y quietud y gran contento y alegría, por muchas faltas y miserias que uno conozca en sí, aunque de verse tan ruin entienda claramente que merece que todos le aborrezcan y desprecien, porque cuando este conocimiento nace de verdadera humildad, viene aquella pena con una suavidad y contento que no querría uno verse sin ella. Esas otras penas y congojas que algunos tienen viendo en si tantas faltas e imperfecciones, son tentación del demonio, el cual pretende con eso, que pensemos que tenemos humildad, y por otra parte si pudiere, querría que desconfiásemos de Dios y que anduviésemos desalentados y desmayados en su servicio.
Si hubiéramos de parar en el conocimiento de nuestra flaqueza y miseria, harta ocasión tuviéramos de entristecernos y desconsolarnos. Pero no hemos de parar ahí, sino pasar luego a la consideración de la bondad y misericordia y liberalidad de Dios y a lo mucho que nos ama y padeció por nosotros y en eso hemos de poner nuestra confianza. Y así lo que fuera ocasión de desmayo y tristeza mirándoos a vos, sirve para esforzar y animar y es ocasión de mayor alegría y consuelo mirando a Dios. Se mira uno a sí mismo, y no ve sino  que llorar; y mirando a Dios confía en su bondad si temor a verse desamparado, por muchas faltas e imperfecciones y miserias que vea en si porque la bondad y misericordia de Dios es infinita, en que tiene puesto sus ojos y su corazón, exceden y sobrepujan infinitamente todo eso.