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viernes, 20 de diciembre de 2013

El pecado y sus consecuencias


El Padre Jorge Loring nos esplica lo que es el pecado y las cosecuencias que tiene en nuestras vidas. Nos esplica que el pecado es la gran bajeza, es la gran locura, es la gran primada y es la gran canallada.

domingo, 22 de septiembre de 2013

El verdadero humilde se tiene en menos que todos


El verdadero humilde se tiene en menos que todos
Todas las operaciones naturales que tenemos las tenemos de Dios, porque nosotros éramos nada, no tenemos fuerza para movernos, ni para ver, ni oír, ni gustar, ni entender, ni querer, Dios nos da el ser natural nos dio estas potencias y fuerzas, y así a Él le hemos de atribuir el ser como estas operaciones naturales; de la misma manera hemos de decir en el ser sobrenatural y obras de gracia. El ser sobrenatural que tenemos, Dios nos lo ha dado, es añadido al ser de naturaleza graciosamente. Nosotros nacimos en pecado (Efes 2,3) hijos de ira enemigos de Dios (1 Pedro 2,9) Nos saco de aquellas tinieblas a su admirable luz.
Nos hizo Dios de enemigos, amigos: de esclavos, hijos; de no valer nada, a ser agradable a sus ojos. Y la causa por que Dios hizo esto no fueron nuestros merecimientos pasados, ni el respeto de los servicios que le habíamos de hacer, sino por su sola bondad y misericordia (Rom 3,24) Y son justificados gratamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús y por los merecimientos de Jesucristo, único medianero nuestro.
Tampoco podemos salir nosotros de la tiniebla del pecado en que estábamos, y en que fuimos concebidos y nacidos, si Dios por su infinita bondad y misericordia no nos hubiese sacado, ni podríamos obrar, obras de vida si Él no nos da su gracia para ello, porque el valor y merecimiento de las obras que hacemos no son por nuestros meritos, sino por la gracia del Señor.
Así no debemos atribuirnos gloria alguna, sino toda a Dios, así lo natural como lo sobrenatural, teniendo siempre en la boca y en el corazón lo que dice San Pablo (1 Cor 15,10) Por la gracia de Dios soy eso que soy
Dios no solo nos saco de la nada, y nos dio el ser que tenemos, además Dios nos está sustentando, teniendo y conservando con su mano poderosa, para que no caigamos en el pozo profundo de la nada. De la misma manera en el ser sobrenatural, no solo nos hizo Dios merced de sacarnos de las tinieblas de los pecados en que estábamos a la luz admirable de la gracia, sino siempre nos está conservando y teniendo de su mano para que no volvamos a caer; de tal manera que si un instante apartase y alzase Dios su mano y guarda de nosotros y diese licencia al demonio para que nos tentase cuanto quisiese, nos tornaríamos a los pecados pasados y a otros peores.
San Alberto Magno dice que el que quiera alcanzar la humildad ha de plantar en su corazón la raíz de la humildad, esto es que conozca su propia flaqueza y miseria, y entienda y pondere muy bien, no solo cuan vil y miserable soy ahora, sino cuan vil y miserable puedo ser y seria si Dios con su mano poderosa no me apartase de los pecados, y me quitase las ocasiones, y me ayudase en las tentaciones. Salmo 93. 17) Si el Señor no me hubiera auxiliado ya estaría yo en el infierno. Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia Señor me sostenía.
Los Santos no se contentaban con tenerse en poco y por malos y pecadores, sino que se tenían en menos que todos y por los más viles y pecadores de cuantos había en el mundo (1 timo 1,15) Es palabra digna de crédito y merecedora de toda aceptación, que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y así nos amonesta que procuremos llegar a esta humildad, que nos tengamos por inferiores y por menos que todos, y que a todos los reconozcamos por superiores y mejores.
Los santos no decían con mentira, ni con fingida humildad que eran los mayores pecadores del mundo, sino con verdad, porque así lo sentían en su corazón. (Lc 14,10) Cuando te conviden siéntate en el último puesto. No dijo que escogieses un lugar mediano, o que te sentases entre los últimos, o en el penúltimo lugar, sino solo quiere que estemos en el último lugar. No nos tengamos por mejor que otra persona, ni presumamos de compararnos ni igualarnos con otra persona. Solo tenemos que quedarnos en el último lugar, sin igualar nuestra bajeza, teniéndonos por el más miserable y pecador de todos. A ningún peligro nos exponemos en humillarnos mucho y ponernos debajo de los pies de todos, pero anteponernos a solo uno nos puede hacer mucho daño.
¿Qué sabes si ese que piensas ha de ser mejor o peor que tu y si lo es ya delante de Dios? ¿Quién sabe si cruzara Dios las manos, y se trocaran las suertes y serás tú el desechado y el otro el escogido? ¿Qué sabemos lo que ha obrado Dios en su corazón de ayer a hoy y en un momento? En un instante puede Dios hacer de un publicano y de un perseguidor de la Iglesia apóstoles suyos como hizo a San Mateo a San Pablo. (Mt 3,9) Y no os hagáis ilusiones pensando tenemos por padre a Abraham, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras (Lc 7,39) Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando pues es una pecadora que engañado se hallo aquel fariseo que juzgo a la Magdalena por mala y como reprendió Cristo,  y le dio a entender que era mejor que él, la que él tenía por pecadora publica.
No basta decirlo con la boca que eres el peor de todos, es necesario que lo sintamos en nuestro corazón. No pensemos haber aprovechado algo, si no te tienes por el peor de todos, dice el Kempis.

sábado, 25 de mayo de 2013

Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento


Cuanto conviene ejercitarse en nuestro propio conocimiento

Los santos Agustino y Bernardo dicen que esta ciencia del propio conocimiento es la más alta y de mayor provecho de cuantas han inventado y hallado el hombre.
Dice san Agustín: La ciencia de las cosas del cielo y de la tierra, la ciencia de la astrología, de la cosmografía, el saber de los movimientos de los cielos, los cursos de los planetas, sus propiedades e influencias; pero el conocerse a sí mismo es más alta ciencia y más provechosa que todas esas, Las demás hinchan y se envanecen, como dice San Pablo (1 Cor 8,1) pero esta edifica y humilla. Acerca de lo sacrificado a los ídolos, se que todos tenemos conocimiento. Pero el conocimiento engríe, mientras el amor edifica.
Dice San Bernardo hablando en persona de Dios ¡Oh hombre si te vieses y conocieses, luego te descontentarías y te desagradarías a ti, y me contentarías y agradarías a Mi; pero porque como no te ves, ni te conoces, te agradas a ti y me descontentas a Mí! Guardaos no venga tiempo, cuando ni os agradéis a vos ni a Dios, a Dios por pecasteis y a vos porque os condenasteis.
San Gregorio dice: Hay algunos que comenzando a vivir a Dios y tratar un poco de virtud, luego creen que son buenos y santos, y de tal manera ponen los ojos en lo bueno que hacen que se olvidan de los pecados y males pasados y algunas veces de los presentes, porque se ocupan tanto en mirar lo bueno que no atienden ni echan de ver muchas cosas malas que hacen .Pero los buenos y los escogidos hacen muy al contrario, porque estando llenos de virtudes y buenas obras siempre ponen los ojos en lo malo que tienen y están mirando y considerando sus faltas e imperfecciones. Así mirando sus males conservan sus bienes y las virtudes que tienen, permaneciendo siempre en humildad; por el contrario los malos, mirando sus bienes los pierden, porque se ensoberbecen y desvanecen con ellos. Y los malos sacan mal y daño de sus bienes porque usan mal de ellos. Y cuando el demonio os traiga a la memoria los bienes que hemos hecho para que os estiméis y ensoberbezcáis, dice san Gregorio contraponedle vos vuestros males, trayendo a la memoria vuestros pecados pasados, como lo hace el apóstol San Pablo (1 Timot 1, 13) ¡Ay! ¡Que he sido blasfemo y perseguidor de los siervos de Dios y del nombre de Cristo! (1 Cor15,9) ¡Que no soy digno de ser llamado Apóstol porque he perseguido a la Iglesia de Dios! Este es buen contrapeso y muy buena contramina contra esta tentación.
San Francisco de Borja tenía una devoción que le ayudaba mucho y era que cada día , al levantarse, la primera cosa que hacía era arrodillarse y besar tres veces la tierra, para acordarse de que era polvo y tierra y que en eso se había de volver. Pues guardemos nosotros este consejo y quedémonos con él, no se nos pase día alguno que no gastemos algún rato de oración en pensar algo que toque a nuestra confusión y desprecio. Y no paremos ni descansemos en este ejercicio hasta que sintamos que se nos ha embebido en nuestra alma un entrañable desprecio y desestima de nosotros mismos, y una confusión y vergüenza delante de acatamiento de la majestad de Dios viendo nuestra bajeza y miseria. Porque es tanta nuestra soberbia y la inclinación que tenemos a ser tenidos y estimados, que si no andamos continuamente en este ejercicio, cada hora nos hallaremos levantados sobre nosotros mismos como el corcho sobre el agua, porque más vanos y más livianos somos nosotros que el corcho.
Para que nos animemos más en este ejercicio y ninguno tome ocasión para dejarle por algunas falsas aprensiones se han de advertir aquí dos cosas: La primera, que no piense nadie que es ejercicio solo de los principiantes, porque es también de los antiguos y aprovechados y de muy perfectos varones, pues vemos que ellos y el mismo Apóstol San Pablo lo usaban.
La segunda, es menester que entendamos que este ejercicio no es triste ni melancólico, ni causa turbación ni desasosiego, antes trae consigo gran paz y quietud y gran contento y alegría, por muchas faltas y miserias que uno conozca en sí, aunque de verse tan ruin entienda claramente que merece que todos le aborrezcan y desprecien, porque cuando este conocimiento nace de verdadera humildad, viene aquella pena con una suavidad y contento que no querría uno verse sin ella. Esas otras penas y congojas que algunos tienen viendo en si tantas faltas e imperfecciones, son tentación del demonio, el cual pretende con eso, que pensemos que tenemos humildad, y por otra parte si pudiere, querría que desconfiásemos de Dios y que anduviésemos desalentados y desmayados en su servicio.
Si hubiéramos de parar en el conocimiento de nuestra flaqueza y miseria, harta ocasión tuviéramos de entristecernos y desconsolarnos. Pero no hemos de parar ahí, sino pasar luego a la consideración de la bondad y misericordia y liberalidad de Dios y a lo mucho que nos ama y padeció por nosotros y en eso hemos de poner nuestra confianza. Y así lo que fuera ocasión de desmayo y tristeza mirándoos a vos, sirve para esforzar y animar y es ocasión de mayor alegría y consuelo mirando a Dios. Se mira uno a sí mismo, y no ve sino  que llorar; y mirando a Dios confía en su bondad si temor a verse desamparado, por muchas faltas e imperfecciones y miserias que vea en si porque la bondad y misericordia de Dios es infinita, en que tiene puesto sus ojos y su corazón, exceden y sobrepujan infinitamente todo eso.