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domingo, 22 de septiembre de 2013

El verdadero humilde se tiene en menos que todos


El verdadero humilde se tiene en menos que todos
Todas las operaciones naturales que tenemos las tenemos de Dios, porque nosotros éramos nada, no tenemos fuerza para movernos, ni para ver, ni oír, ni gustar, ni entender, ni querer, Dios nos da el ser natural nos dio estas potencias y fuerzas, y así a Él le hemos de atribuir el ser como estas operaciones naturales; de la misma manera hemos de decir en el ser sobrenatural y obras de gracia. El ser sobrenatural que tenemos, Dios nos lo ha dado, es añadido al ser de naturaleza graciosamente. Nosotros nacimos en pecado (Efes 2,3) hijos de ira enemigos de Dios (1 Pedro 2,9) Nos saco de aquellas tinieblas a su admirable luz.
Nos hizo Dios de enemigos, amigos: de esclavos, hijos; de no valer nada, a ser agradable a sus ojos. Y la causa por que Dios hizo esto no fueron nuestros merecimientos pasados, ni el respeto de los servicios que le habíamos de hacer, sino por su sola bondad y misericordia (Rom 3,24) Y son justificados gratamente por su gracia, mediante la redención realizada en Cristo Jesús y por los merecimientos de Jesucristo, único medianero nuestro.
Tampoco podemos salir nosotros de la tiniebla del pecado en que estábamos, y en que fuimos concebidos y nacidos, si Dios por su infinita bondad y misericordia no nos hubiese sacado, ni podríamos obrar, obras de vida si Él no nos da su gracia para ello, porque el valor y merecimiento de las obras que hacemos no son por nuestros meritos, sino por la gracia del Señor.
Así no debemos atribuirnos gloria alguna, sino toda a Dios, así lo natural como lo sobrenatural, teniendo siempre en la boca y en el corazón lo que dice San Pablo (1 Cor 15,10) Por la gracia de Dios soy eso que soy
Dios no solo nos saco de la nada, y nos dio el ser que tenemos, además Dios nos está sustentando, teniendo y conservando con su mano poderosa, para que no caigamos en el pozo profundo de la nada. De la misma manera en el ser sobrenatural, no solo nos hizo Dios merced de sacarnos de las tinieblas de los pecados en que estábamos a la luz admirable de la gracia, sino siempre nos está conservando y teniendo de su mano para que no volvamos a caer; de tal manera que si un instante apartase y alzase Dios su mano y guarda de nosotros y diese licencia al demonio para que nos tentase cuanto quisiese, nos tornaríamos a los pecados pasados y a otros peores.
San Alberto Magno dice que el que quiera alcanzar la humildad ha de plantar en su corazón la raíz de la humildad, esto es que conozca su propia flaqueza y miseria, y entienda y pondere muy bien, no solo cuan vil y miserable soy ahora, sino cuan vil y miserable puedo ser y seria si Dios con su mano poderosa no me apartase de los pecados, y me quitase las ocasiones, y me ayudase en las tentaciones. Salmo 93. 17) Si el Señor no me hubiera auxiliado ya estaría yo en el infierno. Cuando pensaba que iba a tropezar, tu misericordia Señor me sostenía.
Los Santos no se contentaban con tenerse en poco y por malos y pecadores, sino que se tenían en menos que todos y por los más viles y pecadores de cuantos había en el mundo (1 timo 1,15) Es palabra digna de crédito y merecedora de toda aceptación, que Cristo Jesús vino al mundo a salvar a los pecadores, y yo soy el primero. Y así nos amonesta que procuremos llegar a esta humildad, que nos tengamos por inferiores y por menos que todos, y que a todos los reconozcamos por superiores y mejores.
Los santos no decían con mentira, ni con fingida humildad que eran los mayores pecadores del mundo, sino con verdad, porque así lo sentían en su corazón. (Lc 14,10) Cuando te conviden siéntate en el último puesto. No dijo que escogieses un lugar mediano, o que te sentases entre los últimos, o en el penúltimo lugar, sino solo quiere que estemos en el último lugar. No nos tengamos por mejor que otra persona, ni presumamos de compararnos ni igualarnos con otra persona. Solo tenemos que quedarnos en el último lugar, sin igualar nuestra bajeza, teniéndonos por el más miserable y pecador de todos. A ningún peligro nos exponemos en humillarnos mucho y ponernos debajo de los pies de todos, pero anteponernos a solo uno nos puede hacer mucho daño.
¿Qué sabes si ese que piensas ha de ser mejor o peor que tu y si lo es ya delante de Dios? ¿Quién sabe si cruzara Dios las manos, y se trocaran las suertes y serás tú el desechado y el otro el escogido? ¿Qué sabemos lo que ha obrado Dios en su corazón de ayer a hoy y en un momento? En un instante puede Dios hacer de un publicano y de un perseguidor de la Iglesia apóstoles suyos como hizo a San Mateo a San Pablo. (Mt 3,9) Y no os hagáis ilusiones pensando tenemos por padre a Abraham, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham de estas piedras (Lc 7,39) Si este fuera profeta, sabría quién y qué clase de mujer es la que lo está tocando pues es una pecadora que engañado se hallo aquel fariseo que juzgo a la Magdalena por mala y como reprendió Cristo,  y le dio a entender que era mejor que él, la que él tenía por pecadora publica.
No basta decirlo con la boca que eres el peor de todos, es necesario que lo sintamos en nuestro corazón. No pensemos haber aprovechado algo, si no te tienes por el peor de todos, dice el Kempis.