Como hemos de traer a examen particular la virtud de la humildad
El examen particular siempre se ha de hacer de una cosa sola, porque de esa manera es más eficaz y de mayor efecto que si lo hacemos de muchas cosas juntas. Es de tanta importancia esto, que si queremos hacer examen de un vicio o una virtud, tenemos que hacerlo por partes y poco a poco, para poder alcanzar lo que se desea. Si queremos hacer examen para desarraigar la soberbia de nuestro corazón y alcanzar la virtud de la humildad, no lo hemos de tomar en general, porque la soberbia o la humildad comprende muchos aspectos, iremos dividiendo y desmenuzando, para que así podamos hacer mejor y con más provecho el examen particular de esta virtud tan necesaria. Veamos los pasos que hay que dar para hacer el examen particular de la virtud de la humildad.
Lo primero no hablar palabras que puedan redundar en nuestra alabanza y estima (Mt 12,34) porque de la abundancia habla la boca. Ofreciéndose alguna cosa honrosa, luego queremos hacernos parte de ella.
Lo segundo no oigamos de buena gana que otros nos alaben y digan bien de nosotros porque en esto hay también grave peligro. Dice San Ambrosio que cuando el demonio no nos puede derribar con pusilanimidad (cobardía) y desmayo, procura derribarnos con presunción y soberbia, y cuando no nos puede derribar con deshonra, trata que nos honren y alaben para derrocarnos por allí.
San Juan Clímaco dice que cuando nos alaben, pongamos delante nuestros pecados, y veremos que somos indignos de las alabanzas que nos dan, y así sacaremos de ellas más humildad.
La tercera cosa es no hacer cosa alguna para ser vistos y estimados de los hombres, que es lo que nos avisa Cristo en (Mt.6,1) Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos, de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre Celestial. Este es un examen muy provechoso y se puede dividir en muchas partes, primero se puede no hacer las cosas por respetos humanos, hacerlas puramente por Dios, hacerlas muy bien hechas, como quien las hace delante de Dios, y como quien sirve a Dios y no a los hombres, Hasta llegar a hacer las obras de tal manera que más parezca que estamos más en ellas amando que obrando.
La cuarta cosa que podemos traer a examen es no excusarnos, porque también nace de soberbia que haciendo las faltas o diciéndonoslas, luego las queremos excusar, y sin sentir echamos una excusa tras otra. (Génesis 3, 12) Señor la mujer que tú me diste por compañera me hizo comer y la mujer se excusa con la serpiente la serpiente me engaño, y comí. Todo esto nace de la mucha soberbia que tenemos, que no queremos que se sepan nuestras faltas, ni ser tenidos por defectuosos, y más nos pesa de que se sepan y de la estima que por ello perdemos, que de haberlas hecho, y así las procurásemos encubrir y excusar cuanto podemos. Y hay algunos tan inmortificados en esto, que aun antes que les digan nada, ellos previenen y se excusan, y quieren dar razón de los que les pueden oponer: Si hice aquello fue por esto y si hice lo otro fue por lo otro. ¿Quién os pica ahora, que así saltáis? El estimulo y aguijón de la soberbia que tenemos allá dentro en las entrañas, ese nos pica y nos hace saltar con eso, aun antes de tiempo.
Lo quinto es también buen examen el de cortar y disminuir pensamientos de soberbia. Todo esto nace de la gran soberbia que tenemos que está brotando y reventando en esos pensamientos y así es muy bueno traer a examen disminuir y cortar luego estos pensamientos altivos y vanos como lo es también atajar y cortar los pensamientos deshonestos y de juicios y de otro en cualquier vicio que uno sea molestado.
El sexto, será también buen examen tenerlos a todos por superiores. Que nos animemos a la humildad, procurando y deseando dar ventaja a los otros, estimulándolos en nuestra alma a todos, como si fuesen superiores, y exteriormente teniéndolos el respeto y reverencia que sufre el estado de cada uno (filip 2,3) No obréis por rivalidad ni por ostentación, considerando por la humildad a los demás superiores a vosotros. (Rom12, 10) Amaos cordialmente unos a otros, que cada cual estime a los otros más que a sí mismos.
La séptima cosa es llevar bien todas las ocasiones que se os ofreciese de humildad. Nos sentimos mal cuando el otro nos dice una palabra, o cuando nos mandan con resolución o con imperio, o cuando nos parece que no nos hacen tanto caso como a los otros. Este es un examen de lo más propio y provechoso que podemos traer para alcanzar la virtud de la humildad, podemos ir creciendo en este examen y subiendo por los tres grados primero llevar todas las cosas con paciencia, después llevarlas con prontitud y facilidad hasta que no reparemos ni hagamos caso de nada de eso, después llevarlo con alegría y alegrarnos en nuestro desprecio, en esto consiste la perfección de la humildad.
Lo octavo es hacer algunos actos y ejercicios de humildad, u otra virtud a si interiores como exteriores, hasta que vaya ganando hábito y costumbre de aquella virtud. De esta manera divididos los enemigos, y tomando a cada uno por si, se vence mejor y se alcanza más brevemente lo que se desea.
