jueves, 9 de mayo de 2013

Otros bienes y provechos que hay en el ejercicio del propio conocimiento

Otros bienes y provechos que hay en el ejercicio del propio conocimiento.

Uno de los principales medios que podemos poner de nuestra parte para que el Señor nos haga merecedores y nos comunique grandes dones y virtudes, es humillarnos y conocer nuestra flaqueza y miseria.
Dice el Apóstol San Pablo (2 Cor 12,9) De muy buena gana me gloriaré en mis flaquezas, enfermedades y miserias para que así more en mi la virtud de Cristo.
San Ambrosio dice: Si se ha de gloriar el cristiano ha de ser en la poquedad y en su bajeza, porque ese es el camino para crecer y valer delante de Dios.
Para decir en breve los bienes y grandes provechos de este ejercicio, digo que para todas las cosas es remedio universal el propio conocimiento. Y así, podemos decir, que donde nace tal cosa y que remedio hay para ella, casi en todas podemos responder que aquella nace de la falta de conocimiento propio, y que el remedio seria conocerse a sí mismo y humillarse.
Porque si preguntamos de donde nace el juzgar a mis hermanos, digo que de falta de conocimiento propio; porque si anduviésemos dentro de nosotros, tendríamos tanto que mirar y llorar nuestros duelos que no tendríamos cuenta con los ajenos.
Si preguntamos de donde nace hablar a mis hermanos palabras ásperas y mortificativas, también nace de la falta de conocimiento propio, porque si no conociésemos y nos tuviésemos por el menor de todos, y cada uno mirásemos como a superior, no tendríamos atrevimiento para hablarlo de esa manera.
Si preguntáis de donde nacen las excusas, las quejas y las murmuraciones, por qué no me dan esto o lo otro,  o por qué me tratan de esta manera, claro está que nace de la falta de conocimiento.
Si nos preguntamos de donde nace el turbarse y entristecerse, cuando es molestado por tales o tales tentaciones, o cuando ve que cae muchas veces en algunas faltas, y melancolizarse y desanimarse con eso, también nace de la falta del propio conocimiento, porque si tuviésemos humildad y considerásemos bien la malicia de nuestro corazón, no nos turbaríamos ni desmayaríamos por eso, antes nos espantaríamos, como no pasan cosas peores por nosotros, y como no tendríamos mayores caídas, y andaríamos alabando y dando gracias a Dios porque nos tiene de su mano para que no caigamos en lo que cairiamos si Él no nos tuviera.
De una sentina y manantial de vicios ¿Qué no ha de brotar? De tal muladar, tales olores, como esos se han de esperar, y de tal árbol tal fruto. Si pedís remedio para tener mucha caridad con vuestros hermanos, para ser obediente, para ser paciente, para ser buen penitente, aquí tenéis el remedio para todo, conoceros a vosotros mismos y tener humildad.
Padre Francisco de Borja leemos que yendo de camino, le encontró un señor amigo suyo, y como le vio que andaba con tanta pobreza e incomodidad, se condolió de él. Le rogó que tuviese más en cuenta con su persona. Le dijo el Padre con alegre semblante y mucha disimulación: No le dé pena a vuestra señoría ni piense que voy tan desapercibido como le parece, porque le hago saber que siempre envío delante un aposentador que tiene aderezada la posada y todo regalo. Le preguntó aquel señor quien era este aposentador. Respondió: Es mi propio conocimiento y la consideración de lo que yo merezco, que es el infierno por mis pecados, y cuando con este conocimiento llego a cualquier posada, por desacomodada y desapercibida que esté siempre me parece más regalada de lo que yo merezco.

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