El medio más eficaz para alcanzar la virtud de la humildad es el ejercicio de ella
Dicen los Santos que no bastan razones ni consideraciones, sino que es menester el ejercicio de humildad, y que este es el más principal y eficaz medio que podemos poner de nuestra parte para alcanzar esta virtud.
San Basilio dice: que así como las ciencias y las artes se adquieren con el ejercicio, así también las virtudes morales. Para alcanzar el hábito de la humildad y de las virtudes morales, es menester ejercitarnos en sus actos, y de esa manera lo alcanzaremos. Y si alguno dijere que para componer y moderar las pasiones y afectos de su alma y alcanzar las virtudes bastan razones y consideraciones, avisos y documentos de la Escritura y de los Santos, se engaña.
Dice San Pablo (Rom 2,13) Pues no son justos ante Dios quienes oyen la ley, sino que serán justificado quienes la cumplen. Y aunque es verdad que toda virtud nos ha de venir de la manos de Dios, y que nuestras fuerzas no son bastante para eso, pero quiere el Señor, que nosotros nos ayudemos de esta manera. Si queremos alcanzar la virtud de la humildad tenemos que ejercitarnos en actos exteriores de humildad. Os he dado ejemplo para que hagáis como yo he hecho. Pues el Soberano y todo Poderoso se humillo, el Hijo de Dios se abatió y ocupó en ejercicios humildes y bajos, lavando los pies a sus discípulos y sirviendo a su Madre y a San José y estando sujeto y obediente a ellos en todo lo que le mandaban, aprendamos de Él y ejercitémonos en ejercicios bajos y humildes, y de esa manera alcanzaremos la virtud de la humildad.
Dice San Bernardo: La humillación exterior es el camino y medio apara alcanzar la humildad, como la paciencia para alcanzar la paz, y la lección y el estudio para alcanzar la ciencia. Por tanto si queremos alcanzar la virtud de la humildad, no huyamos de los ejercicios de la humillación, porque si decimos que no podemos o no queremos humillarnos tampoco podremos alcanzar la virtud de la humildad.
Dice San Agustín: Están tan trabadas y unidos entre si este hombre exterior e interior, depende tanto el uno del otro, que cuando el cuerpo anda humillado y abatido, se despierta allá dentro en el corazón un afecto de humildad. No sé que tiene aquel humillarme delante de mi hermano a servirle y besarle los pies, no sé que tiene el vestido pobre y vil y el oficio bajo y humilde, que parece que va engendrando y creando la humildad en el corazón y si la hay la va conservando y aumentando.
San Basilio dice: que así como los hombres del mundo el vestido bueno y lustroso los levanta el corazón y engendra en ellos unos humos de vanidad y soberbia y estima propia, así en el cristiano, en los religiosos y siervos de Dios el vestido pobre y humilde despierta en el corazón un afecto de humildad, y crea desestima de si, y parece que hace el hombre despreciable. Entre todas las humillaciones exteriores, una de las más principales es el vestido pobre y vil, y por eso es tan usada por los verdaderos humildes.
Para alcanzar la humildad de corazón y cualquier otra virtud interior ayuda mucho el ejercicio exterior de la misma virtud, porque la voluntad se mueve mucho más con eso que con los deseos. Dice el proverbio lo que ojos no ven, corazón no quiebra. Mueve mucho más la voluntad que las aprensiones y deseos interiores, donde el objeto no está presente, sino solo en la imaginación y aprensión.
Cada día experimentamos, que tiene uno repugnancia de hacer una mortificación, de esas ordinarias que hacemos, y al segundo día que lo hacemos no se siente dificultad, y antes había tenido muchos deseos de eso y no bastaron para vencer la dificultad. Para todos es importante este ejercicio, no solamente para los que comienzan, sino para los que van adelante y están muy aprovechados.
San Ignacio dice: Se deben prevenir las tentaciones con los contrarios de ellas, cuando estas inclinado a la soberbia, ejercitándose en cosas bajas que se piensa te ayudaran para humillarte, y asi de otras inclinaciones siniestras. Cuanto a los oficios bajos y humildes, se deben prontamente tomar aquellos en los cuales tengas mayor repugnancia. Estas dos cosas humildad y humillación, se han de ayudar la una a la otra, y de la humillación interior, que es despreciarse a sí mismo y tenerse en poco, ha de nacer la humillación exterior. Así como el humilde se desprecia interiormente en sus mismos ojos se tiene por indigno de toda honra, así a de ser el tratamiento exterior y las obras exteriores que hiciere; escoged el lugar más bajo como dice Cristo, tratad con los más pequeños y bajos, alegraos con los oficios humildes, y esta misma humillación exterior que nace de lo interior, acrecentará esa misma fuente de donde nace.

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