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domingo, 11 de agosto de 2013

El medio más eficaz para alcanzar la virtud de la humildad es el ejercicio de ella

El medio más eficaz para alcanzar la virtud de la humildad es el ejercicio de ella

Dicen los Santos que no bastan razones ni consideraciones, sino que es menester el ejercicio de humildad, y que este es el más principal y eficaz medio que podemos poner de nuestra parte para alcanzar esta virtud.
San Basilio dice: que así como las ciencias y las artes se adquieren con el ejercicio, así también las virtudes morales. Para alcanzar el hábito de la humildad y de las virtudes morales, es menester ejercitarnos en sus actos, y de esa manera lo alcanzaremos. Y si alguno dijere que para componer y moderar las pasiones y afectos de su alma y alcanzar las virtudes bastan razones y consideraciones, avisos y documentos de la Escritura y de los Santos, se engaña.
Dice San Pablo (Rom 2,13) Pues no son justos ante Dios quienes oyen la ley, sino que serán justificado quienes la cumplen. Y aunque es verdad que toda virtud nos ha de venir de la manos de Dios, y que nuestras fuerzas no son bastante para eso, pero quiere el Señor, que nosotros nos ayudemos de esta manera. Si queremos alcanzar la virtud de la humildad tenemos que ejercitarnos en actos exteriores de humildad. Os he dado ejemplo para que hagáis como yo he hecho. Pues el Soberano y todo Poderoso se humillo, el Hijo de Dios se abatió y ocupó en ejercicios humildes y bajos, lavando los pies a sus discípulos y sirviendo a su Madre y a San José y estando sujeto y obediente a ellos en todo lo que le mandaban, aprendamos de Él y ejercitémonos en ejercicios bajos y humildes, y de esa manera alcanzaremos la virtud de la humildad.
Dice San Bernardo: La humillación exterior es el camino y medio apara alcanzar la humildad, como la paciencia para alcanzar la paz, y la lección y el estudio para alcanzar la ciencia. Por tanto si queremos alcanzar la virtud de la humildad, no huyamos de los ejercicios de la humillación, porque si decimos que no podemos o no queremos humillarnos tampoco podremos alcanzar la virtud de la humildad.
Dice San Agustín: Están tan trabadas y unidos entre si este hombre exterior e interior, depende tanto el uno del otro, que cuando el cuerpo anda humillado y abatido, se despierta allá dentro en el corazón un afecto de humildad. No sé que tiene aquel humillarme delante de mi hermano a servirle y besarle los pies, no sé que tiene el vestido pobre y vil y el oficio bajo y humilde, que parece que va engendrando y creando la humildad en el corazón y si la hay la va conservando y aumentando.
San Basilio dice: que así como los hombres del mundo el vestido bueno y lustroso los levanta el corazón y engendra en ellos unos humos de vanidad y soberbia y estima propia, así en el cristiano, en los religiosos y siervos de Dios el vestido pobre y humilde despierta en el corazón un afecto de humildad, y crea desestima de si, y parece que hace el hombre despreciable. Entre todas las humillaciones exteriores, una de las más principales es el vestido pobre y vil, y por eso es tan usada por los verdaderos humildes.
Para alcanzar la humildad de corazón y cualquier otra virtud interior ayuda mucho el ejercicio exterior de la misma virtud, porque la voluntad se mueve mucho más con eso que con los deseos. Dice el proverbio lo que ojos no ven, corazón no quiebra.  Mueve mucho más la voluntad que las aprensiones y deseos interiores, donde el objeto no está presente, sino solo en la imaginación y aprensión.
Cada día experimentamos, que tiene uno repugnancia de hacer una mortificación, de esas ordinarias que hacemos, y al segundo día que lo hacemos no se siente dificultad, y antes había tenido muchos deseos de eso y no bastaron para vencer la dificultad. Para todos es importante este ejercicio, no solamente para los que comienzan, sino para los que van adelante y están muy aprovechados.
San Ignacio dice: Se deben prevenir las tentaciones con los contrarios de ellas, cuando estas inclinado a la soberbia, ejercitándose en cosas bajas que se piensa te ayudaran para humillarte, y asi de otras inclinaciones siniestras. Cuanto a los oficios bajos y humildes, se deben prontamente tomar aquellos en los cuales tengas mayor repugnancia. Estas dos cosas humildad y humillación, se han de ayudar la una a la otra, y de la humillación interior, que es despreciarse a sí mismo y tenerse en poco, ha de nacer la humillación exterior. Así como el humilde se desprecia interiormente en sus mismos ojos se tiene por indigno de toda honra, así a de ser el tratamiento exterior y las obras exteriores que hiciere; escoged el lugar más bajo como dice Cristo, tratad con los más pequeños y bajos, alegraos con los oficios humildes, y esta misma humillación exterior que nace de lo interior, acrecentará esa misma fuente de donde nace.

jueves, 8 de agosto de 2013

La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y sin ella nunca la tendremos


La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y que sin ella nunca la tendremos
(Mt 11,29) Aprended de Mí. Que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas.
Una de las principales y eficaces razones que podemos traer para animarnos y despreciar la honra y estimación del mundo y procurar ser humildes, es la que nos propone Cristo en estas palabras, que es medio único para alcanzar la paz y quietud interior del alma, San Pablo pone como uno de los frutos del Espíritu Santo.
Para entender mejor la paz y quietud de que goza el humilde, es mejor que veamos la inquietud y desasosegó que el soberbio trae en su corazón. (Isaias 48,22) No hay paz para los malvados, dice el Señor. No saben qué cosa es tener paz, y aunque algunas veces parece que la tienen, no es paz verdadera porque dentro de su corazón tienen guerra, la cual les está haciendo siempre su propia conciencia. Siempre viven en amargura de corazón.
Los soberbios tienen consigo gran inquietud y desasosiego. San Agustín dice que de la soberbia nace luego la envidia, la soberbia y la envidia dice que hacen al demonio demonio. El que por una parte anda lleno de soberbia y de deseos de honra y estimación, y ve que no le suceden las cosas conforme a lo que piensa, y por otra parte anda juntamente lleno de envidia, porque es hija de la soberbia y que siempre la acompaña cuando ve a otros tenidos y estimados y preferidos a si, claro está que ha de andar lleno de hiel y de amargura, y con gran inquietud y desasosiego, porque no hay cosa que más lastime a un soberbio, ni tanto le llegue al corazón como una cosa de estas.
No es solamente necesaria la humildad para la perfección sino muchas veces para la salvación (Mt 18,3) Si no os convertís y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. Aunque es verdad que hay enfermedad y melancolía, muchas veces el estar melancólico y triste no es humor de de melancolía ni enfermedad corporal, sino humor de soberbia y enfermedad espiritual. Estáis triste y melancólico porque estáis olvidado y arrinconado y no os hacen caso. Estáis triste y melancólico porque de donde pensabais salir con honra, no salisteis con ella, antes os parece quedasteis corrido y afrentado. Y cuando tiene que hacer alguna cosa pública el temor de cómo ha de suceder y si habéis de ganar honra o perderla, le pone triste y congojado, estas son las cosas que ponen triste y melancólico al soberbio.
Pero el humilde de corazón que no desea honra y estimación, y se contenta con el lugar bajo, está libre de todas estas congojas y desasosiegos, y goza de mucha paz, conforme a las palabras de Cristo, como dice el Kempis Si hay paz en la tierra, el humilde de corazón la posee.