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jueves, 8 de agosto de 2013

La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y sin ella nunca la tendremos


La humildad es medio para alcanzar la paz interior del alma, y que sin ella nunca la tendremos
(Mt 11,29) Aprended de Mí. Que soy manso y humilde de corazón y hallareis descanso para vuestras almas.
Una de las principales y eficaces razones que podemos traer para animarnos y despreciar la honra y estimación del mundo y procurar ser humildes, es la que nos propone Cristo en estas palabras, que es medio único para alcanzar la paz y quietud interior del alma, San Pablo pone como uno de los frutos del Espíritu Santo.
Para entender mejor la paz y quietud de que goza el humilde, es mejor que veamos la inquietud y desasosegó que el soberbio trae en su corazón. (Isaias 48,22) No hay paz para los malvados, dice el Señor. No saben qué cosa es tener paz, y aunque algunas veces parece que la tienen, no es paz verdadera porque dentro de su corazón tienen guerra, la cual les está haciendo siempre su propia conciencia. Siempre viven en amargura de corazón.
Los soberbios tienen consigo gran inquietud y desasosiego. San Agustín dice que de la soberbia nace luego la envidia, la soberbia y la envidia dice que hacen al demonio demonio. El que por una parte anda lleno de soberbia y de deseos de honra y estimación, y ve que no le suceden las cosas conforme a lo que piensa, y por otra parte anda juntamente lleno de envidia, porque es hija de la soberbia y que siempre la acompaña cuando ve a otros tenidos y estimados y preferidos a si, claro está que ha de andar lleno de hiel y de amargura, y con gran inquietud y desasosiego, porque no hay cosa que más lastime a un soberbio, ni tanto le llegue al corazón como una cosa de estas.
No es solamente necesaria la humildad para la perfección sino muchas veces para la salvación (Mt 18,3) Si no os convertís y os hacéis como niños, no entrareis en el reino de los cielos. Aunque es verdad que hay enfermedad y melancolía, muchas veces el estar melancólico y triste no es humor de de melancolía ni enfermedad corporal, sino humor de soberbia y enfermedad espiritual. Estáis triste y melancólico porque estáis olvidado y arrinconado y no os hacen caso. Estáis triste y melancólico porque de donde pensabais salir con honra, no salisteis con ella, antes os parece quedasteis corrido y afrentado. Y cuando tiene que hacer alguna cosa pública el temor de cómo ha de suceder y si habéis de ganar honra o perderla, le pone triste y congojado, estas son las cosas que ponen triste y melancólico al soberbio.
Pero el humilde de corazón que no desea honra y estimación, y se contenta con el lugar bajo, está libre de todas estas congojas y desasosiegos, y goza de mucha paz, conforme a las palabras de Cristo, como dice el Kempis Si hay paz en la tierra, el humilde de corazón la posee.