Mostrando entradas con la etiqueta fiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fiar. Mostrar todas las entradas

domingo, 15 de septiembre de 2013

Como con humildad se puede compaginar el querer ser tenidos y estimados de los hombres


Como con humildad se puede compaginar el querer ser tenidos y estimados de los hombres

Se suele ofrecer muchas veces una duda acerca de la humildad. Decimos comúnmente, y es doctrina de los santos, que hemos de desear ser despreciados, abatidos y tenidos en poco y que no hagan caso de nosotros. Luego por otra parte ¿Cómo haremos fruto en los prójimos si nos desprecian y tienen en poco, porque para eso es menester tener autoridad con ellos y que tengan buena opinión y estima de nosotros? Y así parece que no será malo sino bueno, desear ser estimados y considerados por los hombres.
San Gregorio dice que algunas veces los varones santos se alegran de tener buena opinión y estima acerca de los hombres, pero eso es cuando ven que es medio necesario para que los prójimos se aprovechen y ayuden más en sus almas. Y por eso dice San Gregorio, no es alegrarse de su estima y opinión, sino del fruto y aprovechamiento de los prójimos, que es cosa muy diferente. Una cosa es amar uno la honra y estima humana por sí misma, y parando en ella por su propio respeto y contento, por ser grande y señalado en la opinión de los hombres y esto es malo, otra cosa es cuando esto se ama por algún fin bueno, como es el provecho de los prójimos y para hacer fruto en sus almas, y esto no es malo sino bueno.
Y de esta manera podemos nosotros desear la honra y estimación del mundo y que tengan buena opinión de nosotros, por la mayor gloria de Dios, y por ser así necesario para la edificación de los prójimos y para hacer fruto de ellos, porque esto no es alegrarse uno de la honra y estimación, sino del provecho y bien de los prójimos y de la mayor gloria de Dios. La honra y estimación la hemos de desear y alegrarnos con ella solamente cuanto es necesaria para la edificación de los prójimos, para hacer fruto en ellos y para mayor honra y gloria de Dios.
De manera que la honra y estimación de los hombres es verdad que no es mala, sino buena, si usamos bien de ella, y así, licita y santamente se puede desear.  Y aún alabarse uno mismo puede ser bueno y santo si se hace como se debe, como vemos en San Pablo  (2 Cor 4,11) Comienza a alabarse y a contar grandezas de si, refiriendo grandes mercedes que nuestro Señor le había hecho, y diciendo que había trabajado más que los Apóstoles; y comienza a contar las revelaciones y arrobamientos que había tenido hasta el tercer cielo. Mas lo hacía porque entonces convenía y era menester para la honra de Dios y para el provecho de los prójimos a quien escribía, para que así le tuviesen y estimasen como apóstol de Cristo, y recibiesen su doctrina y se aprovechasen de ella. Y decía estas cosas de si con un corazón, no solo despreciador de la honra, sino amador del desprecio y deshonra por Jesucristo,, porque cuando no era necesario para el bien de los prójimos muy bien se sabia el apocar y abatir diciendo de si (1Cor 15,9) que no era digno de llamarse Apóstol, porque persiguió la Iglesia de Dios. Y llamándose blasfemo y abortivo (1Tim 1,13) y el mayor de los pecadores y cuando se le ofrecían deshonras y menosprecios ese era su contento y regocijo.
De estos corazones bien se puede uno fiar que reciban honra y que digan ellos algunas veces cosas que aprovechen para tenerla, porque nunca harán estas cosas sino cuando fuese necesario por la mayor gloria de Dios, porque no aman su propia honra sino la honra de Dios y el bien de las almas.
Es muy dificultoso recibir la honra y no ensoberbecerse, ni tomar en ella algún vano contentamiento o complacencia, por eso los santos, temiendo el peligro grande que hay en la honra y estimación y en la dignidades y puestos altos, huían cuando podían de todo eso y se iban donde no fuesen conocidos y estimados, y procuraban ocuparse en oficios bajos y despreciados, porque veían que aquello les ayudaba más en su aprovechamiento y a conservarse en humildad, y que era camino más seguro para ellos.
(San Juan 8, 50) Yo no busco mi gloria, mi Padre cuenta con eso pues si nuestro padre celestial busca y procura nuestra gloria y nuestra honra no es menester que nosotros tengamos cuidado de eso, cuanto más nos humillemos y abajemos, por ahí Dios nos levantara. La Iglesia ganara más cuando vean a sus hijos humildes, callados, y sufridos, mortificados y estén deshechos de todo lo que tiene sabor y olor a mundo.