El camino cierto para ser tenido y estimado de los hombres es darse a la virtud y a la humildad
El camino seguro y cierto por el cual sin duda vamos a ser tenidos y estimados de los hombres es el de la virtud de la humildad. Procuremos ser buen religioso y el menor y más humilde de todos y de parecerlo en nuestro modo de proceder y en las ocasiones que se nos ofrezcan, de esa manera seremos muy estimado de todos.
Seria gran vergüenza y deshonra salirse de la religión y volverse al mundo, y con razón harían los hombres burla de él (Lc 14,30) porque comenzó a edificar y no lo pudo acabar, así es desear y pretender ser tenido y estimado de los hombres porque eso es volverse al mundo con el corazón, y lo que vos dejasteis y huiste cuando os acogisteis a la religión.
¿Queréis ver claramente cuan vergonzosa y afrentosa cosa es desear ser tenido y estimado de los hombres en quien profesa tratar de perfección? Salga a la luz ese deseo de manera que echen de ver los otros que lo deseáis y veréis cuan afrentado y corrido quedamos de que eso se entienda. Tenemos un ejemplo en el Evangelio (Lc 22,24) Iban los apóstoles con Cristo algo apartados de Él, que les parecía a ellos que no les oiría, e iban disputando entre sí, quién de ellos era el mayor y más principal, y llegado a casa en Cafarnaúm les pregunto ¿Qué era aquello que veníais tratando por el camino? Dice el Evangelio que se hallaron tan corridos y avergonzados de ver descubierta su pretensión y ambición que no tuvieron boca para responder. Y Jesús les dijo (Mc 9,35) Quien quiera ser el primero sea el último de todos y servidor de todos. En la casa de Dios el abatirse y humillarse es ser grande. El hacerse uno el menor en todos le hace ser tenido y estimado.
La vanagloria muchas veces es causa de ignominia a los suyos, porque los hizo caer en cosas con que descubriendo su vanidad y ambición, vinieron en gran deshonra y confusión. La soberbia ciega de tal manera el entendimiento, que muchas veces, mientras más soberbia, menos se conoce, y así, como ciego, hace y dice el soberbio tales cosas, que si cayera en la cuenta, aunque no fuera por Dios, ni por virtud, sino solamente por esa misma honra y estimación que desea, no las dijera ni hiciera en ninguna manera.
Aunque no fuese por vía de espíritu sino en ley de prudencia y buen juicio, y aún en ley del mundo, el camino cierto y verdadero para ser uno tenido y estimado, querido y amado de los hombres, es darse uno de veras a la verdadera humildad.
No queremos decir que nos hemos de dar a la virtud de la humildad por ser tenidos y estimados de los hombres que eso sería soberbia y perversión, lo que decimos es que si procuramos ser humildes de veras y de corazón, seremos tenidos y estimados aunque no queramos.
Cristo en el evangelio nos dice el modo para tener lugares y asientos más honrosos (Lc 14, 8-11) Cuando te conviden, no os sentéis en el primer puesto, no sea que hayan convidado a otro de más categoría que tu, y venga el que os convido a ti y al otro y te diga: Cédele el puesto a este. Entonces avergonzado iras a ocupar el último puesto. Al revés cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto para que, cuando venga el que te convido, te diga: Amigo, sube más arriba. Entonces quedaras muy bien ante todos los comensales. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.
(Prov 25,6) No te des importancia ante el rey, no te coloque entre los grandes, mejor que te digan sube aca, que verte humillado entre los hombres.
Vemos como solamente delante de Dios, sino también delante de los hombres, el humilde que escoge el lugar bajo y despreciado es tenido y estimado, por el contrario, el soberbio que desea y pretende el primer lugar y los mejores puestos y más honrosos es despreciado y tenido en menos.
