domingo, 6 de octubre de 2013

El tercer grado de humildad es medio para vencer todas las tentaciones y alcanzar la perfeccion de todas las virtudes


El tercer grado de humildad es medio para vencer todas las tentaciones y alcanzar la perfección de todas las virtudes
Dice Casiano que era tradición de los Padres antiguos, que no puede alcanzar la prioridad de corazón, ni la perfección de las virtudes, si primero no conoce y entiende que toda su industria, diligencia y trabajo, no es bastante para ello, sin especial ayuda y favor de Dios, que es el principal dador de todo bien. Este conocimiento no ha de ser especulativo sino conviene que lo conozcamos prácticamente y por experiencia, y que estemos tan llenos y tan asentados y resueltos en esta verdad, como si viésemos con los ojos y tocásemos con las manos, esto es el tercer grado de humildad. Y esta humildad promete grandes bienes a los humildes. Y los santos dicen que el tercer grado de la humildad es el fundamento de todas las virtudes, y la preparación y disposición para recibir todos los dones de Dios. Y sigue diciendo Casiano en el caso particular de la castidad que para alcanzarla ningún trabajo basta, hasta que entendamos por experiencia que no la podemos alcanzar por nuestras propias fuerzas, sino que nos ha de venir de la liberalidad y misericordia de Dios.
Esto mismo dice el Espíritu Santo en el libro de la sabiduría (8, 21) que no podía ser continente sin especial don de Dios, y el conocer este don es gran Sabiduría, acudí al Señor a pedírselo con todo mi corazón. Continente aquí es nombre general que abraza, no solo el contener y refrenar la pasión que es contra la castidad, sino todas las demás pasiones y apetitos que son contra la razón.
Eclesiástico dice todo el peso de la plata y oro no es digno del alma continente. No hay cosa que tanto pese ni valga como la persona continente. Quiere decir que por todas partes tiene y contiene sus afectos y apetitos para que no salgan de la raya de la virtud y de la razón. El (Salmo 126,19) Si el señor no edifica la casa, en vano trabaja los albañiles, y si el Señor no guarda la ciudad en vano trabaja el que la guarda. El es el que nos ha de dar todo el bien, y el que después de dado lo ha de guardar y conservar, y si no, en vano será nuestro trabajo.

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