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jueves, 22 de agosto de 2013

No hemos de hablar palabras que puedan redundar a nuestra alabanza

No hemos de hablar palabras que pueden redundar a nuestra alabanza

Los santos nos avisan que nos guardemos con mucho cuidado de hablar palabras que puedan redundar en nuestra alabanza y estima, conforme a aquello que el santo Tobías aconseja a su hijo Nunca permitas que la soberbia se enseñoree en tu corazón ni en tus palabras.
San Pablo 2(Cor  12,6) Aunque, si quisiera gloriarme, no me comportaría como un necio, diría la pura verdad, pero lo dejo, para que nadie me considere superior a lo que ve u oye de mí. Había dicho el Apóstol algunas cosas grandes de sí, porque convenía para los oyentes y para la mayor gloria de Dios, y pudiera decir otras mayores, pues había sido arrebatado al tercer Cielo, donde vio y entendió más de lo que la lengua puede hablar, pero las dejo de decir para que no piensen alguno de mi más de lo que hay y se ve en mi.
Dice San Bernardo que el soberbio y arrogante no perdona esas cosas, porque no deja pasar ninguna ocasión en que pueda mostrar ser algo, que no lo haga. Solo el verdadero humilde deja pasar estas ocasiones, para que no le tengan en más de lo que es, quiere encubrir lo que verdaderamente es.
Dice San Basilio: El que ha nacido con otro nacimiento nuevo, y ha contraído parentesco espiritual y divino con Dios, y recibido poder para ser hijo suyo, se avergüenza de ese otro parentesco carnal y se olvida de él. Dice el proverbio la alabanza en la propia boca envilece y en (prov 27,4) Que otro te alabe, nunca tu bien, que sea un extraño, nunca tus labios. Pero en la boca del  cristiano parece mucho peor, por ser tan contrarias a lo que profesa, y por donde uno piensa que será estimado viene a ser desestimado y tenido en poco.
San Ambrosio sobre aquellas palabras del profeta Mirad Señor mi humildad y libradme dice: Aunque uno sea enfermo, pobre, y de baja suerte, si él no ensoberbece ni se quiere preferir a nadie, con la humildad se hace amar y estimar, esa lo suple todo. Y por el contrario, aunque uno sea muy rico, noble, poderoso y aunque sea muy retraído y tenga muchas habilidades, y él se jacta y engríe de eso, con eso se apoca y abate, y viene a ser despreciado y tenido en menos, porque viene a ser tenido por soberbio,
Dice San Buenaventura: Entended que apenas puede haber en vos cosa buena y digna de alabanza, que no se trasluzca a los otros y la entiendan y sepan, y si vos calláis y la escondéis, agradareis mucho más y seréis más digno de alabanza, así por la virtud como por quererla encubrir, pero si vos la manifestáis harán burla de vos, y donde antes os estimaban os vendrán a despreciar y tener en poco.

domingo, 4 de agosto de 2013

Razones humanas que nos ayudan a ser humildes


Razones humanas que nos ayudaran a ser humildes
 San Pablo (Rom 12,3) No queráis saber más de lo que conviene, sino saber con medición. El soberbio y arrogante no es solo malo y pecador, también es loco. (Isaías 32,6) El loco dirá locuras y por las locuras que dice entenderéis que está loco. ¿Qué es lo que dijo el primer soberbio que fue Lucifer? (Isaías 14,13) Escalare los cielos, elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios, me sentaré en el monte de la divina asamblea en el confín del septentrión (Norte). ¿Qué cosa más loca y desatinada? Así vemos como los locos nos mueven a risa con las locuras que dicen y hacen. Así también los soberbios dan materia de risa y conversación con las palabras que dicen, arrogantes y que redundan en su alabanza, y con el caso que quieren que se haga de ellos y de sus cosas y con la estima en que ellos las tienen.
Dice San Crisóstomo que es peor locura la del soberbio y digna de mayor vituperio e ignominia que la natural, porque esta no trae consigo culpa ni pecado alguno y aquella sí. Otra diferencia es que los locos naturales causan compasión y mueve a que todos se duelan y compadezcan de su trabajo, pero la locura del los soberbios no mueve a compasión ni a misericordia sino a risa y a escarnio.
Los soberbios son locos, y así tratamos con ellos como tales. Porque así como condescendemos con lo que dice el loco para tener paz con él, y no le queremos contradecir, porque está loco de esa manera hacemos con los soberbios. Y reina tanto el día de hoy este humor y locura en el mundo, que apenas se puede ya hablar con los hombres sin alabarlos y decir de ellos lo que verdaderamente no es así, que para contentarle y ganarle la voluntad no sabemos hacer otra cosa que alabarle. Y esta es una de las vanidades y locuras que dice el sabio que vio en el mundo: Ser alabados los malos por estar en lugares altos como si fueran buenos. (Eclesiastes 8,10) Sepultan a los malvados, y la gente, al volver del lugar santo, se olvida en la ciudad de cómo habían obrado: también esto es vanidad. ¿Qué mayor vanidad y locura que alabar a los hombres sin sentirlo? ¿Y muchas veces nos alaban de lo que hicimos mal y de los que y de lo que a ellos les pareció mal? Nos tratan como locos, condescendiendo con nosotros. Entiende el otro que tenemos ese humor y que nos alegramos de ser tratado de esa manera y que lo mejor es decirnos que salió todo muy bien y quedaron todos muy contentos, y nos tratan así para tenernos contentos y ganarnos la voluntad. Lo que sirve eso es hacernos más locos, porque nos alaban lo que decimos y hacemos mal y quedamos satisfechos para hacerlo otra vez.
No se atreven los hombres de hoy a decir lo que sienten, porque saben que las verdades amargan, y el soberbio resiste el aviso y la corrección. Nos dan a entender que les parece bien lo que les parece mal, por eso es gran locura y vanidad hacer caso de las alabanzas de los hombres, pues sabemos que es cumplimiento: miento para cumplir.
Los soberbios son aborrecidos de todos. De Dios primeramente (Prov 16,5) Todo hombre arrogante y soberbio es abominación delante de Dios (Eclesiastés 10,7) La soberbia es odiosa al Señor y a los humanos y para ambos es un delito de injusticia.
El soberbio pretende ser tenido y estimado de todos, pretenden ser queridos por todos. De todo el mundo es aborrecido el soberbio: de los mayores porque se les quiere igualar, de los iguales porque los quiere sobrepujar, de los menores porque quiere más de lo que es razón. Aun los criados dicen mal de su amo cuando es soberbio y no le pueden sufrir. (Prover 11,2) Donde hay soberbia allí habrá ignominia (afrenta)
Por el contrario el humilde es tenido y estimado, querido y amado de todos. Es piedra imán, la humildad que trae a sí a los corazones.
Para que nos acabemos de persuadir que es locura el andar deseando y procurando la estima de los hombres, hace San Bernardo un dilema que concluye: O fue locura la del Hijo de Dios en abatirse y apocarse tanto, y escoger menosprecios y deshonras o es gran locura la nuestra en desear tanto la honra y estimación de los hombres.
No fue locura la del Hijo de Dios ni lo pudo ser (1Cor 1, 23) A Cristo crucificado predicamos que es para los judíos materia de escándalo, y locura y desatino para los gentiles, es Cristo argumento de la omnipotencia y sabiduría de Dios. A los ciegos y soberbios gentiles les parece locura la de Cristo, pero a nosotros que tenemos luz de fe, nos parece suma sabiduría y amor infinito.