Razones humanas que nos ayudaran a ser humildes
Dice San Crisóstomo que es peor locura la del soberbio y digna de mayor vituperio e ignominia que la natural, porque esta no trae consigo culpa ni pecado alguno y aquella sí. Otra diferencia es que los locos naturales causan compasión y mueve a que todos se duelan y compadezcan de su trabajo, pero la locura del los soberbios no mueve a compasión ni a misericordia sino a risa y a escarnio.
Los soberbios son locos, y así tratamos con ellos como tales. Porque así como condescendemos con lo que dice el loco para tener paz con él, y no le queremos contradecir, porque está loco de esa manera hacemos con los soberbios. Y reina tanto el día de hoy este humor y locura en el mundo, que apenas se puede ya hablar con los hombres sin alabarlos y decir de ellos lo que verdaderamente no es así, que para contentarle y ganarle la voluntad no sabemos hacer otra cosa que alabarle. Y esta es una de las vanidades y locuras que dice el sabio que vio en el mundo: Ser alabados los malos por estar en lugares altos como si fueran buenos. (Eclesiastes 8,10) Sepultan a los malvados, y la gente, al volver del lugar santo, se olvida en la ciudad de cómo habían obrado: también esto es vanidad. ¿Qué mayor vanidad y locura que alabar a los hombres sin sentirlo? ¿Y muchas veces nos alaban de lo que hicimos mal y de los que y de lo que a ellos les pareció mal? Nos tratan como locos, condescendiendo con nosotros. Entiende el otro que tenemos ese humor y que nos alegramos de ser tratado de esa manera y que lo mejor es decirnos que salió todo muy bien y quedaron todos muy contentos, y nos tratan así para tenernos contentos y ganarnos la voluntad. Lo que sirve eso es hacernos más locos, porque nos alaban lo que decimos y hacemos mal y quedamos satisfechos para hacerlo otra vez.
No se atreven los hombres de hoy a decir lo que sienten, porque saben que las verdades amargan, y el soberbio resiste el aviso y la corrección. Nos dan a entender que les parece bien lo que les parece mal, por eso es gran locura y vanidad hacer caso de las alabanzas de los hombres, pues sabemos que es cumplimiento: miento para cumplir.
Los soberbios son aborrecidos de todos. De Dios primeramente (Prov 16,5) Todo hombre arrogante y soberbio es abominación delante de Dios (Eclesiastés 10,7) La soberbia es odiosa al Señor y a los humanos y para ambos es un delito de injusticia.
El soberbio pretende ser tenido y estimado de todos, pretenden ser queridos por todos. De todo el mundo es aborrecido el soberbio: de los mayores porque se les quiere igualar, de los iguales porque los quiere sobrepujar, de los menores porque quiere más de lo que es razón. Aun los criados dicen mal de su amo cuando es soberbio y no le pueden sufrir. (Prover 11,2) Donde hay soberbia allí habrá ignominia (afrenta)
Por el contrario el humilde es tenido y estimado, querido y amado de todos. Es piedra imán, la humildad que trae a sí a los corazones.
Para que nos acabemos de persuadir que es locura el andar deseando y procurando la estima de los hombres, hace San Bernardo un dilema que concluye: O fue locura la del Hijo de Dios en abatirse y apocarse tanto, y escoger menosprecios y deshonras o es gran locura la nuestra en desear tanto la honra y estimación de los hombres.
No fue locura la del Hijo de Dios ni lo pudo ser (1Cor 1, 23) A Cristo crucificado predicamos que es para los judíos materia de escándalo, y locura y desatino para los gentiles, es Cristo argumento de la omnipotencia y sabiduría de Dios. A los ciegos y soberbios gentiles les parece locura la de Cristo, pero a nosotros que tenemos luz de fe, nos parece suma sabiduría y amor infinito.








