domingo, 16 de junio de 2013

Del cuarto escalon de la humildad que es desearse despreciados y tenidos en poco y alegrarnos con ello




Del cuarto escalón, que es desear ser despreciados y tenidos en poco y alegrarnos con ello

El cuarto escalón para llegar a la perfección de la humildad es que desee uno ser despreciado y tenido en poco de los hombres, y que se alegre con las deshonras, injurias y menosprecios.
Dice San Bernardo: el verdadero humilde desea ser tenido de los otros en poco, no por humilde, sino por vil, y se goza en eso.
Nota San Bernardo que hay dos maneras de humildad: una que está en el entendimiento, que es cuando uno mirándose a sí mismo y viendo su miseria y vileza, convencido de la verdad, se tiene en poco y se juzga por digno de todo desprecio y deshonra; otra está en la voluntad, y es cuando uno quiere ser tenido de otros en poco, y desea ser despreciado y deshonrado de todos.
En Cristo, no hubo la primera humildad de entendimiento, porque no podía Cristo tenerse a sí mismo en poco ni por digno de desprecio y deshonra, porque se conocía Él muy bien a sí mismo, y sabía que era verdadero Dios e igual al Padre (Filip 2 6-9) El cual, siendo de condición divina, no retuvo ávidamente el ser igual a Dios; al contrario se despojo de si mismo tomando la condición de esclavo, hecho semejante a los hombres. Y así reconocido como hombre por su presencia, se humillo a sí mismo, hecho obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.
Hubo en Él la segunda humildad de corazón y voluntad, porque por el gran amor que nos tuvo, quiso abatirse y desautorizarse, y parecer vil y despreciado delante de los hombres (Mt 11,29) Aprended de mi que soy manso y humilde de corazón y de voluntad.
Sin embargo en nosotros ha de haber ambas humildades, porque la primera sin la segunda es falsa y engañosa. Querer parecer y ser tenido por otro de lo que verdaderamente sois, es falsedad y engaño. El que verdaderamente es humilde, y de veras siente bajamente de si, y se desprecia él a sí mismo y se tiene en poco, se ha de alegrar también que los otros le desprecien y tengan en poco.
Esto es lo que hemos de aprender de Cristo. Mirad el corazón y con que deseo y voluntad abrazó Él los desprecios y las deshonras por nuestro amor, que no se contento con abatirse y apocarse, haciéndose hombre y tomando forma y habito de siervo el que es Señor de Cielos y de la tierra, sino que quiso tomar forma y habito de pecador. Dice el apóstol (Rom8, 3) Envió Dios a su Hijo en traje y semejanza de hombre pecador. No tomó  pecado, porque no pudo caber en Él; pero tomó el cauterio (lo que corrige o ataja  eficazmente algún mal) y señal de pecadores, porque quiso ser circundado como pecador y bautizado entre pecadores y publicanos, como si fuera uno de ellos, y ser tenido en menos que Barrabas, y ser juzgado por peor y por más indigno de la vida que él.
Finalmente era tan grande el deseo que tenia de padecer afrentas, escarnios y vituperios por nuestro amor, en el cual, embriagado de amor, había de quedarse desnudo, como otro Noé, para ser escarnecido de los hombres. (Lc 12, 50) Con un bautismo tengo de ser bautizado, ¡y qué angustia sufro hasta  que se cumpla! (Lc 22,15) y les dijo  Ardientemente he buscado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, En el cual no se verán sino escarnios y vituperios nunca vistos, bofetadas y pescozones, como a esclavo, escupirle su cara como a blasfemo, vestirle de blanco como a loco y de purpura como a rey fingido, y sobre todo los azotes, que es castigo de ladrones y malhechores, y el tormento de la cruz en compañía de ladrones, que en aquel tiempo era el más vergonzoso e ignominioso linaje de muerte que había en el mundo. Esto es lo que con gran deseo estaba deseando Cristo nuestro Redentor. Estaba deseando esta hora para hartarse de oprobios, escarnios y afrentas, como cosa de que Él tenía gran hambre y de que gustaba mucho, y le era muy sabrosa por nuestro amor.
Pues si el Hijo de Dios deseó con tan gran deseo los desprecios, y deshonras, y los recibió con tan gran gusto y contento por nuestro amor, no siendo digno de ellas, no será mucho que nosotros, siendo dignos de todo desprecio y deshonra, deseemos por su amor tenidos siquiera en lo que somos, y que nos alegremos con las deshonras y menosprecios que merecemos, como decía el Apóstol San Pablo (2Cor 12, 10)  Por eso vivo contento en medio de las debilidades, los insultos, las privaciones, las persecuciones y las dificultades sufridas por Cristo. Porque cuando soy débil entonces soy fuerte. Y en (Filipenses 1, 7) tratándose de su prisión los pide que le sean compañeros en la alegría que tenia por verse preso en aquella cadena por Cristo Esto es lo que siento por vosotros, está plenamente justificado: Os llevo en el corazón, porque tanto en la prisión como en mi defensa y prueba del Evangelio, todos compartís mi gracia.
Esta es la leche que mamaron a los pechos de Cristo los sagrados Apóstoles. (hechos 5, 41)Que iban gozosos y regocijados cuando los llevaban presos delante de los presidentes y sinagogas, y tenían por gran regalo y merced de Dios ser digo de padecer afrentas e injurias por el nombre de Cristo.
Los católicos, si queremos ser verdaderos católicos tenemos que advertir y ponderar delante de nuestro Creador y Señor, en cuanto grado ayuda y aprovecha a la vida espiritual aborrecer en todo, y no en parte, cuanto el mundo ama y abraza, y admitir y desear con todas las fuerzas posibles cuanto Cristo Nuestro Señor ha amado y abrazado.
Y como los mundanos, que siguen al mundo, aman y buscan con tanta diligencia honras, fama y estimación, como el mundo les enseña; así los que van en espíritu y siguen de veras a Cristo nuestro Señor, aman y desean intensamente lo contrario, a saber vestirse de la misma vestidura y librea de su Señor, por su divino amor y reverencia, tanto, que de donde a su Divina Majestad no le fuese ofensa alguna ni al prójimo imputado a pecado, deseen pasar injurias, falsos testimonios y afrentas, y ser tenidos y estimados por locos, no dando ellos, ocasión alguna de ello, por desear parecer e imitar en alguna manera a nuestro Creador y Señor Jesucristo. En esta regla está dicho todo lo que podemos decir de la humildad. Esto es haber dejado y aborrecido de veras el mundo y lo más fino de él, que es el apetito y deseo de ser tenidos y estimados; esto es estar muertos al mundo y ser de veras religiosos, que como los del mundo desean honra y estimación, y se alegran con ella, así nosotros deseamos deshonras y menosprecios y nos alegramos con ellos. Esto es ser verdadero católico que le hagamos compañía, no solo en nombre, sino en sus deshonras y menosprecios y nos vistamos de su librea (traje), siendo afrentados y despreciados del mundo con Él y por Él y alegrándonos y regocijándonos en eso por su amor.
Vos Señor fuisteis pregonado públicamente por malo y puesto entre dos ladrones como malhechor, no permitáis que yo sea pregonado por bueno (Mt 10,24) que no es razón que el siervo sea tenido en más que el Señor, ni el discípulo en más que su Maestro.

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