De los bienes y grandes provechos que hay en el ejercicio del propio conocimiento
Uno de los bienes principales que nos da el ejercicio del propio conocimiento es la humildad y es medio necesario para alcanzarla y conservarla.
Preguntado a uno de aquellos Padres antiguos como podría uno alcanzar la verdadera humildad, respondió: El que apartase los ojos de las faltas ajenas y los pusiese en las suyas propias, y ahondando en su propio conocimiento, ese alcanzara la verdadera humildad.
Los Santos dicen que el humilde conocimiento de sí mismo es el mejor camino para conocer a Dios, más que el profundo ejercicio de todas las ciencias.
San Buenaventura nos da a entender aquel misterio del Evangelio, que Cristo obró en aquel ciego de nacimiento, poniéndole lodo en los ojos, le dio vista corporal para que se viese a sí, y vista espiritual para que conociese a Dios y le adorase. Así nos dice a nosotros, que nacemos ciegos con ignorancia de Dios y de nosotros mismos, nos da Dios vista, poniendo sobre nuestros ojos el lodo de que fuimos formados para que, considerando que fuimos un poco de lodo, recibamos vista para que nos veamos y conozcamos primero a nosotros mismos y de ahí podamos conocer a Dios.
Esto mismo pretende la Iglesia con la ceremonia del miércoles de ceniza, al principio de cuaresma al imponernos la ceniza y recordarnos “Acuérdate, hombre que eres polvo, y en eso te has de volver”. Para que conociéndose a sí, venga a conocer a Dios y pesarle de haberle ofendido y hacer penitencia de sus pecados. Pues el hombre es la suma bajeza y Dios la suma alteza, son dos extremos contrarios, de ahí es que mientras más se conoce uno a sí mismo, viéndose que no tiene bien ninguno, sino nada y pecados, más echa de ver la bondad y misericordia de Dios que se inclina a amar y tratar con tan grande bajeza como la nuestra.
Así se viene el alma a encenderse e inflamarse en el amor de Dios, porque nunca se acaba de maravillar y de dar gracias a Dios, viendo que siendo el hombre tan miserable y malo, le sostiene Dios y le hace tantas mercedes, que muchas veces no nos podemos soportar a nosotros mismos, y que sea tanta la bondad de Dios y misericordia para con nosotros, como dice el (Prov 8,31) Mis deleites son estar con los hijos de los hombres. ¿Qué hallasteis, Señor en los hijos de los hombres, para que digáis vuestros deleites son estar y conversar con ellos?
Por esto usaban tanto los Santos este ejercicio del propio conocimiento, para tener mayor conocimiento de Dios y amor de su divina Majestad.
Este era el ejercicio y oración de San Agustín: Dios mío, que siempre estás en su ser y nunca te mudas, me conozca a mí y te conozca a Tí. Y san Francisco oraba a sí ¿Quién Vos, y quien yo? Este camino es muy seguro y cierto para eso, y mientras más bajamos y ahondamos en nuestro propio conocimiento más subiremos y creceremos en el conocimiento de Dios y de su bondad y misericordia infinita; y también mientras más subes y crezcamos en el conocimiento de Dios, más bajaremos y aumentaremos en el conocimiento nuestro.
Porque la Luz celestial descubre rincones, y hace avergonzar al alma de lo que aun a los ojos del mundo parece muy bueno.
Dice San buenaventura: El alma ilustrada con el conocimiento de Dios, ve en si aun las cosas mínimas, y así viene a tener por malo y defectuoso lo que, el que no tiene tanta luz, tiene por bueno.
Esta es la causa porque los Santos son tan humildes y se tienen tan en poco, y mientras mayores Santos son más humildes y se tienen en menos. Porque como tienen más luz y mayor conocimiento de Dios, se conocen más, y ven que de su cosecha no tienen nada y lo único que tienen son pecados, y por mucho que se conozcan, y por muchas faltas que vean en sí, siempre creen que hay otras muchas que ellos no ven, y creen que la menor parte de sus males es la que ellos conocen, y por tales se tienen.
Porque así como creen que Dios es más bueno de lo que ellos conocen, así también creen que ellos son más malos de lo que alcanzan. Así como por mucho que conozcamos y entendamos de Dios, no le podemos comprender, sino siempre hay en El más y más que entender y conocer, así que por mucho que nos despreciemos y humillemos, no podremos llegar a lo profundo de nuestra miseria. Porque como el hombre no tiene nada de su cosecha, sino que tiene muchos pecados.
De una Santa se lee que pidió a Dios luz para conocerse, y vio en si tanta fealdad y miseria que no lo pudo sufrir, y suplicó a Dios: Señor, no tanto que desmayaré.
De aquí nace también en los siervos de Dios aquel odio y aborrecimiento santo de sí mismo, porque cuanto más conocen la bondad infinita de Dios, y más la aman, tanto más se aborrecen a sí mismo. Ven que en si mismo tienen la raíz de todos los males, que es la mala y perversa inclinación de nuestra carne, de la cual proceden todos los pecados, y con este conocimiento se levantan contra sí mismo y se aborrecen.
¿No os parece que es razón aborrecer a quien os hizo dejar y cambiar un bien tan grande como es Dios, por tomar un poco de gusto y contentamiento?
¿No os parece que es razón tener odio a quien os hizo perder la gloria eterna, y merecer el infierno para siempre? A quien os causo tanto mal y aún todavía lo procura ¿no os parece que es razón aborrecerle? Pues este sois vos contrario y enemigo de Dios, y contrario y enemigo de vuestro propio bien y de vuestra salvación.

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