El propio conocimiento, es la raíz y el medio único y necesario para alcanzar la humildad
Comencemos a escudriñar lo que somos, en el conocimiento de nuestras miserias y flaquezas, para descubrir este riquísimo tesoro. Dice San Jerónimo: Entre el estiércol de nuestra bajeza y de nuestros pecados y miserias, hallamos esta margarita de la humildad.
Comencemos por el ser corporal. Dice San Bernardo: Estas tres cosas ten siempre delante de los ojos: que fuiste, que eres y que serás. Ten siempre presente lo que fuiste, una materia hedionda y sucia, somos un vaso de estiércol, y seré de aquí a poco un manjar de gusanos.
El Papa Inocencio dice: ¡Oh condición baja y vil de la naturaleza humana! Mira los árboles y las yerbas del campo, producen y echan flores, hojas y frutos, el hombre produce y cría de si mil sabandijas. Las plantas y los árboles producen aceite, vino, bálsamo y echan de sí un olor muy suave. El hombre echa de si mil inmundicias y un hedor abominable.
Con mucha razón y con mucha propiedad comparan los santos al cuerpo humano a un muladar cubierto de nieve, que por fuera parece blanco y hermoso, y por dentro está lleno de inmundicia y suciedad.
Santo Job (17,14) ¿Qué es el hombre sino un poco de podre (pus) y un manantial de gusanos? Eso es el hombre un manantial de podre y un costal de gusanos ¿Pues de qué nos ensoberbecemos? (Eclesiástico 10,9) ¿De qué te ensoberbeces, polvo y ceniza?
San Gregorio: La guarda de la humildad es acordarnos de nuestra propia fealdad,. Debajo de esta ceniza se conserva muy bien.
Demos un paso adelante y escudriñemos un poco más. Mirad quien eras antes que Dios te crease, y hallaremos que éramos nada, no podíamos salir de aquellas tinieblas del no ser, sino que Dios, por su bondad y misericordia, nos sacó de aquel abismo profundo y os puso en el número de sus criaturas. De manera, que cuanto es de nuestra parte somos nada; y así nos hemos de tener por iguales de nuestra parte a las cosas que no son, y atribuir a Dios la ventaja que las llevamos.
Dice San Pablo (Gálatas 6,3) Si alguno piensa que es algo, se engaña, que nada es.
Y aún hay más en esto, que aún después que fuimos creados y recibimos el ser, no nos tenemos en nosotros mismos, es decir que después de creados tenemos tanta necesidad de Dios en cada momento de nuestra vida para no perder el ser que tenemos, como la tuvimos para, siendo nada, alanzar el ser. El nos está siempre sustentando y teniendo con su mano poderosa, para que no caigamos en el pozo profundo de la nada, del cual primero nos saco.
Estamos siempre tan colgados y pendientes de esta mantenencia de Dios, que si esta nos faltase, y nos soltase de su mano un solo instante, en el mismo punto faltaríamos, y dejaríamos de ser, y nos volveríamos en nuestra nada.
Dice Isaías (40,17) Todas las gentes son delante de Dios como si no lo fuesen, y como nada y vanidad son reputados delante de Él.
Todos los que andamos diciendo que somos nada, no sé si entendemos lo que decimos. Verdaderamente, nada soy cuanto es de mi parte, porque nada era, y el ser que tengo no es de mi, sino que Vos Señor me lo disteis, y a Vos lo tengo que atribuir, y yo no tengo de que gloriarme ni envanecerme en eso, porque no tengo parte ninguna en ello; y Vos estáis siempre conservando ese ser y teniéndole en pie, y me estáis dando las fuerzas para obrar, todo el ser, todo poder, toda la fuerza para obrar nos ha de venir de vuestra mano, que nosotros de nuestra parte no podemos nada ni valemos nada, porque somos nada.
Pues ¿qué tenemos, de que nos podemos ensoberbecer? ¿Por ventura de la nada? Decíamos ¿De qué te ensoberbeces polvo y ceniza? Ahora podemos decir: ¿De qué te ensoberbeces, siendo nada, que es menos que polvo y ceniza? ¿Qué razón, o a que ocasión tiene la nada para engreírse y ensoberbecerse y tenerse por algo? Ninguna

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