sábado, 9 de marzo de 2013

como la humildad es fundamento de todas las virtudes, discurriendo por las más principales

Como la humildad es fundamento de todas las virtudes, discurriendo por las más principales.

 Comenzando por las teologales, para la fe es menester humildad, la fe pide un entendimiento humilde y rendido. “Cautivando nuestro entendimiento en servicio de Cristo” ( 2 Cor 10,5);el entendimiento soberbio es impedimento y estorbo para recibir la fe, y así dijo Cristo a los fariseos (Jn5,44) “¿Cómo podéis vosotros creer en Mi, pues buscáis ser honrados unos de otros, y no buscáis la honra que de solo Dios viene?”
No solo para recibir la fe es menester humildad, sino también para conservarla. Según los doctores y santos, la soberbia es principio de todas las herejías. El soberbio estima tanto su parecer y juicio, que le antepone al sentir común de los Santos, y de la Iglesia, y de ahí bien a dar en herejías.
Dice el Apóstol (2 Tim 3.1): “Os hago saber que en los días postreros habrá unos tiempos muy peligrosos, porque los hombres serán muy amadores de sí mismos, codiciosos, altivos, soberbios.”

La Esperanza con la humildad se sustenta; porque el humilde siente su necesidad, y entiende que o puede de si cosa alguna y así con más afecto se vale de Dios, y pone toda su esperanza  en El.

La Caridad y amor de Dios, con la humildad se aviva y enciende, porque el humilde conoce  que todo lo que tiene le viene de la mano de Dios y que él está muy lejos de merecerlo, y con esto se enciende e inflama mucho en amor de Dios. Decía El Santo Job (7,17) “¿Quién es el hombre Señor, para que os acordéis de él, y pongáis vuestro corazón en él, y le hagáis tantos favores y mercedes?” ¿Yo tan malo para vos y vos tan bueno para conmigo? ¿Yo porfiar a ofenderos cada día y vos a hacerme mercedes cada hora? Este es uno de los motivos que se ayudaban los Santos para encenderse en amor de Dios. Mientras más consideraban su indignidad y miseria, más obligados se hallaban a amar a Dios, que puso sus ojos en tan gran bajeza.
Dice María  Lc (1, 46,48) “Magnifica y engrandece mi alama al Señor, porque puso los ojos en la bajeza de su sierva.”

Para la caridad con los prójimos, bien se ve cuan necesaria es la humildad; porque una de las cosas que suele entibiar y disminuir el amor a nuestros hermanos es juzgar sus faltas y tenerlos por imperfectos y defectuosos; y el humilde está muy lejos de eso, porque tiene puesto sus ojos en sus propias faltas y en los otros mira sus virtudes; y así a todos los tiene por buenos, y a si solo por malo e imperfecto y por indigno de estar entre sus hermanos; de aquí nace en él una estima y respeto y un amor grande a todos.
No hay envidia entre los humildes, porque la envidia nace de la soberbia; y si hay humildad, ni habrá envidia ni encuentros ni cosa que entibie el amor de los hermanos.

De la humildad nace también la paciencia, tan necesaria en esta vida; porque el humilde conoce sus culpas y pecados, se ve digno de cualquier pena, y ningún trabajo le viene que no lo juzgue por menor de lo que había de ser conforme a sus culpas, y así calla y no se sabe quejar, antes dice con el profeta Miqueas (7,9) “Sufriré de buena gana el castigo que Dios me envía, porque he pecado contra El.”
El soberbio de todo se queja y le parece que le hacen sin razón, y que no le tratan como merece.
El humilde, aunque le hagan sin razón no lo juzga por tal, en ninguna cosa le hacen agravio, y de cualquier manera que le traten está muy satisfecho, que le tratan mejor de lo que él merece.
Tened humildad y así tendréis paciencia.

De la humildad nace también la paz, tan deseada de todos y tan necesaria; así lo dice Cristo (Mt 11,29)”Aprended de Mi, que soy manso, y humilde de corazón y hallareis descanso para nuestras almas.” Sed humildes y tendréis gran paz con vos, y también con vuestros hermanos.

La pobreza tiene tanta conexión y parentesco con la humildad, que parecen hermanas. Por la pobreza de espíritu que Cristo nuestro Señor, puso en la primera bienaventuranza, unos Santos entienden la humildad, otros la pobreza voluntaria. Es menester que la pobreza ande siempre muy acompañada de la humildad, porque la una  sin la otra es cosa peligrosa; fácilmente se puede crear un espíritu de vanagloria y soberbia del vestido pobre y vil, y de allí suele nacer un menosprecio de los otros; también es menester la humildad para que no queramos andar muy acomodados y que no nos falte de nada, sino que nos contentemos con lo que nos dieren, y con lo peor, pues somos pobres y queremos imitar a Cristo pobre.

Para la guarda de la castidad es necesaria la humildad. Es la humildad tan grande adorno de la castidad y pureza virginal que dice San Bernardo: “Me atrevo a decir que sin humildad, aún en la virginidad de nuestra Señora no agradaría a Dios”

Para alcanzar la virtud de la obediencia se necesita ser humilde. Al humilde cualquier cosa se le puede mandar, el humilde no tiene juicio contrario, en todo se conforma con el superior, así con la obra como con la voluntad y entendimiento, no hay en él contradicción ni resistencia alguna.

La oración sin humildad no tiene valor.
La oración con humildad penetra los cielos.
La oración del que se humilla dice el sabio penetra los cielos y no descansará hasta que alcance de Dios lo que desea.
Judith (9,16) “Siempre os agrado, Señor, la oración de los humildes y de los mansos de corazón.”
(Salmo 101,18) “Miró Dios la oración de los humildes y no menospreció sus ruegos.”
Mirad cuánto agrado a Dios aquella oración humilde del publicano del Evangelio, que no osaba alzar los ojos al cielo, ni acercarse al altar, sino allá lejos en un rincón del templo, con humilde conocimiento decía (Lc 18,13) “Señor tened misericordia de mi que soy gran pecador, de verdad os digo dice Cristo, que salió este justificado del templo y el otro fariseo soberbio que se tenía por bueno salió condenado”
Por tanto si tenemos que ser perfectos como nuestro Padre es perfecto: sed humildes.

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