La humildad es fundamento de todas las virtudes
San Cipriano dice: La humildad es fundamento de la santidad.
San Jerónimo dice: La primera virtud de los cristianos es la humildad.
San Bernardo dice: La humildad es fundamento y guarda de las virtudes.
San Gregorio dice: La humildad es maestra y madre de todas las virtudes, además es raíz y origen de todas las virtudes.
Esta metáfora y comparación de la raíz, declara mucho las propiedades y condiciones de la humildad, porque dice San Gregorio, así como la flor se sustenta de la raíz, y cortada se seca, así la virtud, cualquiera que sea, sino persevera en la raíz de la humildad, se seca y luego se pierde. Más, así como la raíz está debajo de la tierra y se pisa y no tiene en si hermosura ni olor, pero de allí recibe el árbol vida: así el humilde está soterrado es hollado (pisado) y tenido en poco, no parece que tiene lustre ni resplandor, sino que está echado al rincón y olvidado; sin embargo eso es lo que le conserva y hace crecer. Más: así como para que el árbol crezca y dure, y lleve mucho fruto, es menester arraigarse la raíz, y cuanto esta, estuviere más honda y más dentro de la tierra, tanto el árbol echara más fruto y durara más. Así el fructificar todas las virtudes el conservarse en ellas está en echar hondas raíces de humildad. Cuanto más humilde seas, tanto más crecerás en virtud y perfección. Así como la soberbia es raíz y principio de todo pecado; dicen los santos que la humildad es raíz y fundamento de toda virtud.
Pero dirá alguno ¿Cómo decís que la humildad es fundamento de todas las virtudes y del edificio espiritual, pues comúnmente dicen los Santos que la fe es el fundamento, conforme aquello de San Pablo (1Cor 3,11) “Ninguno puede poner otro fundamento más del que esta puesto, que es Cristo Jesús”?
A esto responde Santo Tomas de Aquino: Dos cosas se requieren para hacer bien una casa: lo primero, es necesario abrir bien los cimientos y echar fuera lo movedizo hasta llegar a lo firme, para edificar sobre ello, después se comienza a sentar la primera piedra, la cual con las demás se van asentando, es el principal fundamento del edificio. De esta manera, dice Santo Tomás, la humildad y la fe están en este edificio espiritual y fabrica de virtudes: la humildad es la que abre las zanjas, su oficio es ahondar el cimiento y echar fuera todo lo movedizo, que es la flaqueza de las fuerzas humanas. No tenemos que edificar sobre nuestras fuerzas humanas, que todo eso es arena, desconfiando de nosotros mismos y ahondando hasta llegar a la peña viva que es Cristo.
Ese es el fundamento, para asentarse ese fundamento es menester este otro, lo cual se hace con la humildad, por eso se llama la humildad fundamento, y así el que con humildad abriere y ahondare en su propio conocimiento, y echare fuera toda estima y confianza de si mismo hasta llegar el verdadero fundamento que es Cristo, este edificara buen edificio porque está edificando sobre piedra firme. Pero si edifica sin humildad, se caerá su edificio, porque está fundado sobre arena.
No son virtudes verdaderas, sino aparentes y falsas, las que no se fundan en la humildad.
San Agustín dice, que los romanos y los filósofos antiguos no tenían virtudes verdaderas no solo por faltarles la caridad, que es la forma y la que da vida y ser a todas las virtudes, sino además porque les faltaba también el fundamento de la humildad, en su fortaleza, en su justicia, en su templanza pretendían ser estimados y dejar memoria de si, eran unas virtudes huecas sin sustancia y una sombra de virtudes. Como no eran perfectas ni verdaderas, sino aparentes, se las premió y remuneró Dios a los romanos con los bienes de esta vida, que son también bienes aparentes. Si queréis edificar verdaderas virtudes en vuestra alma, procurad echar primero buen fundamento de humildad.
Santo Tomas de Aquino decía de la humildad: Quien anda con deseos de honra, quien huye de ser tenido en poco y le pesa si lo es, aunque haga maravillas, lejos está de la perfección, porque todo es virtud sin cimiento.
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