El primero enseñar humildad con los ojos bajos, y mucho más con el corazón.
El segundo, hablar pocas palabras, y éstas según razón y sin voces.
El tercero, no ser fácil para la risa.
El cuarto, tener silencio hasta ser preguntado.
El quinto, seguir la vida común sin extremarse, conforme a su estado y regla.
El sexto, creer de sí, y confesarlo, que es el más vil de todos.
El séptimo, juzgarse indigno para cualquier bien.
El octavo, confesarse que es pecador.
El noveno, tener paciencia en todo lo que es trabajoso.
El décimo, sujetarse en todo a su perlado y superior.
El undécimo, nunca tomar contento en hacer su voluntad.
El duodécimo, temer a Dios y acordarse de sus Mandamientos y Ley Santa.
[EJEMPLOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS]
[1] Humilde se mostró Abraham cuando, hablando con Dios, dijo: -Hablaré a mi Señor, aunque soy tierra y ceniza.
No dijo ceniza a solas, porque es buena para lejía, ni tierra a solas, porque aprovecha para tapias, sino tierra y ceniza, porque mezclado y todo junto para nada es bueno. Y así, quiso decir: «Aunque soy nada, me atreveré a hablar a mi Señor, confiado en su misericordia, y en que lo que pido es bien y limosna para mis vecinos, que no sean destruidos, habiendo entre ellos diez justos». Y, vista su humildad, se lo concedió Dios, mas por no hallarse este número de hombres de bien en Sodoma, fue destruida. Es del Génesis, capítulo diez y ocho V 27.
[2] Jacob, cuando volvía a su tierra y le salió a recibir su hermano con grande cólera y enojo, por mostrársele humilde le aplacó, y se le mostró afable y benigno. Como parece en el Génesis, capítulo treinta y tres.
[3] Por cinco veces resistió Moisés de recibir el cargo de duque y capitán del pueblo hebreo, que era negocio muy honroso, y no se allanó a aceptarle hasta que vio que se airaba Dios, Nuestro Señor, contra él. Y era todo por humildad, y lo fue en subido grado, como pareció en diversos rencuentros que tuvo, así con sus hermanos Aarón y María, como con muchos particulares del pueblo, que, con ser siempre él el agraviado, perdonaba con facilidad y rogaba por los que le perseguían. Es del Éxodo, capítulo tercero y siguientes.
[4] A Gedeón dijo un ángel que tomase a cargo el Pueblo de Dios, y que le libraría de sus enemigos, y respondió:
-No es para mí ese negocio, que soy de la tribu de Manasse y de familia baja, y yo el menor en casa de mi padre.
Con todo esto, fue y venció a los enemigos, y puso al pueblo en libertad. Y, diciéndole que fuese señor de todos ellos él, y sus hijos después de su muerte, respondió con mucha humildad:
-Ni yo seré señor vuestro, ni lo será mi hijo, sino Dios. A Él reconoced por | Señor.
Es del Libro de los Jueces, capítulo sexto y séptimo.
[5] David humildísimo fue, como dio de ello testimonio en diversos trances. Ya estaba ungido de Samuel por rey, y no rehusó que le envió su padre a que llevase de comer a sus hermanos, que estaban en el campo del rey por soldados. Y ya estaba en gran posesión de valiente, habiendo muerto al filisteo Goliat, cuando, diciéndole el rey Saúl que le quería dar por mujer a su hija, él dijo que no merecía tanto favor y merced de su parte. Y ya era rey de corona cuando iba delante de la arca bailando y danzando, lo cual hacía por mostrarse humilde delante del Señor. Es del Primero de los Reyes, capítulo diez y siete, y diez y nueve, y del Segundo, capítulo sexto.
[6] Acab, rey de Israel malísimo, un tiempo se mostró humilde, cuando le envió Dios a amenazar por la muerte de Nabot. Y el humillarse le fue provechoso para que se dilatase y aun disminuyese algo la pena. Es del Tercero de los Reyes, capítulo veinte y uno.
[7] Vinieron a prender al profeta Elías de parte del rey Ocozías por dos veces dos capitanías, con cada cincuenta soldados, y por su soberbia fueron castigados con fuego que bajó del Cielo y los abrasó. Vino otro tercero, y porque se humilló fue libre de semejante pena, yéndose con el profeta mano a mano a verse con el rey. Como se dice en el segundo de los Reyes, capítulo primero.
[8] Humilde fue el profeta Jeremías, cuando, mandándole Dios que fuese a predicar, decía:
-Señor mío, no sé hablar.
Excusándose por humilde de tan alto ministerio. Y es de su Libro, capítulo primo.
[9] Altamente se mostró humilde el gran Bautista en diversos trances. Vinieron a preguntarle si era el Mesías, y si dijera que sí le recibieran por Él, y respondió:
-No soy el que decís, ni aun merecedor de desatarle la correa de su calzado.
Y apretándole sobre que dijese quién era, respondió:
-Soy voz del que clama en /(183v)/ desierto.
Fue decir: «Si lo dexáis a mí, soy voz, soy un poco de aire, soy nada». Y de esta nada en que él se tenía, le levantó Dios tanto, que dijo de él delante de muchos testigos que era tan bueno como el más bueno, y ninguno de todos los nacidos de mujeres mejor que él. En el vestido y traje también se mostró humilde, en la comida, humilde. Toda su vida fue un espejo de humildad, por lo cual mereció que no solamente le engrandeciese Dios de palabra, sino también de obra. Y al que se tenía por indigno de llegar al pie desatándole la correa del calzado, le llegase a la cabeza, bautizándole. Es de San Mateo, capítulo tercero, y de San Juan, capítulo primero.
[10] También entra en la cuenta de los humildes San José, esposo de la Virgen, pues el decir San Mateo, capítulo primero, que quiso dejar a la Virgen y apartarse de ella cuando entendió que estaba preñada, sin tener él parte en la preñez, San Jerónimo y San Bernardo dicen que lo hacia de humilde, por tenerse por indigno de estar en una casa con la que era Madre de Dios. Y que fue lo mismo que dijo San Pedro a Cristo, viendo un milagro que fue para él, que era pescador, muy grande. Y refiérelo San Mateo, en el capítulo octavo: Había andado pescando toda una noche sin sacar escama de peces, y diciéndole el Salvador que tendiese la red al otro lado del navío, sacó tanta pesca que no cabía en él. Dijo, viendo esto:
-Apartaos, Señor, de mí, que soy un gran pecador, indigno de parecer en vuestra presencia.
Así San José, de humilde le parece que es indigno de la compañía de la Madre de Dios.
[11] Palma en negocio de humildad pudo bien darse a la Sagrada Virgen y Benditísima Madre de Dios, María, la cual, oyendo al arcángel San Gabriel que la llamaba Madre del Altísimo, ella se puso nombre de esclava, como lo refiere San Lucas, capítulo primero. Y el ir a visitar a Santa Isabel fue así mismo género de humildad. |
[12] Aunque de ningún santo pueden sacarse tantos ni tan maravillosos ejemplos de humildad, como del Santo de los Santos, Jesucristo, Nuestro Señor. Y fue modo de humillarse el querer ser concebido en Nazaret, que era en Galilea, tierra despreciada de los hebreos. Y así, dijo Natanael, viendo los milagros de Cristo y oyendo decir que era de Nazaret:
-¿De ese pueblo puede salir cosa buena?
Y otros letrados dijeron, y lo refiere San Juan, capítulo siete:
-Mirad bien las Escrituras y hallaréis que ningún profeta salió de Galilea.
También hace por la humildad de Cristo que nació de madre pobre; no quiso emperatrices ni reinas, escogió a María de Nazaret, pobre, aunque santísima doncella. Su nacimiento todo está bañado en humildad, siendo el lugar que escogió aposento de bestias, y tomó por cama un pesebre. Por casi treinta años estuvo como escondido, sin que se diga de él otra cosa que, cuando a los doce se quedó en Jerusalén y fue hallado entre doctores en el Templo, y que se sujetaba al Santo José y a la Soberana Virgen, su Madre. Cerca de los treinta años fue a ser bautizado del Baptista. Escogió discípulos humildes y conversó con ellos humildemente. Y entre otros documentos les dio uno, diciendo:
-Aprended de Mí, que soy manso y de corazón humilde.
Y se llamó diversas veces Hijo del Hombre, pudiéndose llamar Hijo de Dios y de la Virgen. Hallóse en unas bodas de gente pobre y humilde, pues faltó el vino en Caná de Galilea. Hizo un solemne milagro, de hartar con cinco panes y dos peces muchos millares de hombres, y entendiendo que trataban de hacerle rey, huyó de allí. Para entrar triunfando en Jerusalén después de haber resucitado a Lázaro, muerto de cuatro días, escogió no carro triunfal, sino un humilde jumento. Al tiempo que quiso pasar de este mundo al Padre dio un especial ejemplo de humildad lavando los pies a sus doce Apóstoles, estando Judas entre ellos, que le trataba la muerte. En su /(184r)/ Pasión se humilló, haciéndose obediente al Padre hasta muerte de Cruz, que era cosa de mucha afrenta. Lo dicho se colige de los cuatro evangelistas.
[13] El centurión que dijo a Cristo: «Señor, no soy digno que valláis a mi casa, me contento con una palabra vuestra, y con ella sanará mi criado», de humilde dio bastante prueba. Como lo refiere San Mateo, capítulo octavo.
[14] La cananea, llamándola Cristo perra, no se indignó, sino se humilló, diciendo:
-Sí, Señor, perra soy, y como a tal os pido una migaja de vuestra mesa, y sea que sanéis a mi hija.
Lo hizo Cristo, y refiérelo también San Mateo, capítulo quince.
[15] San Pedro, no sólo se mostró humilde en lo que se ha dicho de quererse apartar de Cristo, sino en no dejarse lavar de él los pies. Y después de la venida del Espíritu Santo, sanando un cojo a la entrada del templo, no se atribuyó a sí esta obra, sino a la virtud divina y al nombre de Jesucristo que invocó. Es de los Hechos Apostólicos, capítulo tercero.
[16] San Pablo y San Bernabé, Apóstoles, oyendo a los vecinos de la ciudad de Listris que los llamaban Dioses por haberles visto sanar a un cojo, y les querían ofrecer sacrificios, rompiendo sus vestidos salieron en presencia del pueblo, diciendo: |
-Varones, ¿qué hacéis? Que nosotros mortales somos como lo sois vosotros.
Fue todo esto prueba de humildad. Refiérase en el Libro de los Hechos Apostólicos, capítulo catorce. Y en el diez y ocho se dice que San Pablo trabajaba de manos para sustentarse a sí y a los que andaban con él, y por esto se aposentaba en casa de Aquila y Priscila, estando en Corinto, que eran del arte escenofactoria, que también él hacía, y era negocio en que se gastaban cueros de animales, por donde muchos expositores de este lugar andan varios, ya quieren que hiciese guadameciles, ya frenos de caballos, ya aderezos de altares y de ornamentos o cajas encoradas donde se guardasen; a todos puede responderse que ninguno de estos tratos parece que cuadran con la vida que traía San Pablo, que era para poco en un lugar, y todos estos oficios son de asiento y en muchas partes, sin provecho ni uso de ellos, y así no falta quien diga que, pues del Texto Sagrado se sabe que era negocio donde entraba cuero y pellejos de animales (que esto denota el nombre de escenofactoría), que hacia calzado, oficio honesto y que dondequiera que estuviese podía usarle. Y si esto es verdad, también de aquí se puede colegir su humildad ser grande, pues no se despreciaba de oficio tan humilde.
Lo dicho se dedujo de la Divina Escritura. |
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